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Crónicas Anacrónicas
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De Invisible a Visible
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De Ánima
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Del dicho al Hecho
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Del Tintero
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Sólido Insólito
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Ápeiron
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Vivimos la era de la prótesis; bien sea digital, química, la prótesis puesta en el otro, en fin, una poliformidad de modalidades para la persona que habita el
hic et nunc
. En este caso haremos una reflexión sobre la prótesis química, el psicoactivante y las modalidades complejas que ha adoptado en el entramado cultural actual.
La experiencia psicodélica o inefable, practicada por todas las culturas de la orbe en estados iniciáticos de desarrollo, permitían al shaman acceder al nagual, a Lo Real, a una experiencia que dentro de su contexto cultural significaba per se una sanación de la tribu que la experimentaba.
Nunca nos hemos podido liberar de la experiencia psicodélica, no obstante que en tiempos modernos, ésta se haya descontextualizado convirtiéndose en una apología de la intoxicación y no una sustancia para la experiencia espacio temporal, sino para su alienación; llegando a los extremos nefastos de la adicción, el sujeto esclavo del objeto; esos son los tiempos que vivimos. La experiencia creativa, en muchos casos se ha tornado errática y tanática, entramos en una espiral donde es siempre más porque nunca es suficiente, sicastenia en otras palabras, ya ni siquiera la experiencia narcótica representa una
fuga mundis
; sino, por el contrario, el hastío infernal. Nuestra apuesta, en
La casa azulada
, es retomar nuestras raíces, nuestros contextos y vivir la experiencia, con o sin el psicoactivante y en cualquier caso sin el componente adictivo, pero, en todo momento acceder al mundo de lo dual, de lo inefable, vaciarnos en Uno.
José Antonio Parra
Editorial
Esta edición está dedicada al maestro José María Bernechea.
Octavio Armand
Ciempiés
Tiene cien pies y camina.
Cocuyo
M'illumino d'immenso.
Cristofué
Un apóstol.
Cuervo
Nevermore.
Culebra
Es como una soga pero tiene cabeza.
Gallo
Despertador para pobres.
Jején
Segmento corto de ADN que determina la producción de una proteína específica. Hay aproximadamente 30.000 en cada célula humana y la combinación de todos constituye el material hereditario para el cuerpo y sus funciones.
Lacan
Hembra del perro.
Metamorfosis
Se le aflojan varias tuercas. Se le caen los élitros y las patas. Luego pierde algunas letras. No desiste. Más ligero el saltamontes, más libre, salta por primera vez el salmón.
Mono
Le preocupa su parecido con el hombre. A la mona también.
Mosca
Un pájaro chiquitico y muy feo.
Ornitología
A, b, ave, abecé, a veces, abecedario, aversión, jarabe, aventaja, abedul, avenida, avestruz, avería, abertura, habeas corpus, ave fénix, Ravel, alabe, pavesa, alabea, avemaría, abeja, cabe, avesta, aventura, aberración, avellana, aventar, averno, labe, aversar, avenir, caveat, cabezal, Averroes, gaveta, suave, sabea, Gertrudis Gómez de Avellaneda, avecina, Abel, babea, Abela, Isabel, socave, ¿y Eva, evasión, beba, vea?, avezar, abejorro, Abenámar, Abenámar, casabe, abeto, primavera, Shinzo Abe, cabellera, árabe, arquitrabe, Arabescos mentales, lave, avergüenza, llave, silabea, bienmesabe, ágave, avena, aventaja, Rabelais, excave, abencerraje, cabestrillo, grave, tirabeque, guayabera, atravesar, tabernera, y si averiguas la v de carabela, sabe que navegarás hasta que el laberinto acabe.
Perro
Mientras más conoce a los hombres, más quiere a sus pulgas.
Pez
No tiene pies, ni brazos, ni patas, ni alas. Nada.
Pez volador
No vive en el aire pero tampoco en el mar.
Rana
Croire dur comme fer.
Sardina
Vive en una lata y se come.
Sinsonte
Para quejarse y cantar, Tequila Mockingbird.
Bestiario
POEMAS DEL LIBRO SIETE POETAS PORTUGUESES, EDITADO POR
LUNA NUEVA (UNIVERSIDAD METROPOLITANA) Y LA MAJA DESNUDA EDICIONES
TRADUCCIÓN: NIDIA HERNÁNDEZ
SOPHIA DE MELLO BREYNER ANDRESEN
: Oporto 1919, Lisboa 2004. Estudió Filología Clásica en la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa. Poeta y Cuentista. Algunos de sus libros de poesía son: Poesía, 1944. Día de Mar, 1947. Coral, 1950. En El Tiempo Dividido, 1954. Mar Nuevo, 1958. El Cristo Gitano, 1961. Libro Sexto, 1964. Geografía, 1967. Dual, 1972. El Nombre de Las Cosas, 1977. Navegaciones, 1983. Islas, 1989. Musa, 1994. Obra Poética I, 1990. Obra Poética II y III, 1991. O Buzio de Coz, 1997 y Mar, 2000. Premio Camões 1999. Premio de Poesía Max Jacob 2001. Premio Reina Sofía de Poesía Ibero-Americana, 2003.
MEDEA
Tres veces rueda, tres veces inunda
En el agua de la fuente sus cabellos leves,
Tres veces grita, tres veces se inclina
Y dice: <
> noche fiel a mis secretos,
Luna y astros que después del día claro
Iluminan la sombra silenciosa.
Triple Hécate que siempre me socorres
Guiando atenta el hilo de mis gestos,
Dioses de los bosques, dioses infernales
Que en mí penetre su fuerza, pues
Ayudada por ustedes puedo hacer
Que los ríos entre las márgenes espantadas
Vuelvan corriendo hasta sus fuentes.
Puedo esparcir la calma por los mares
O llenarlos de espuma y hondas olas,
Puedo atraer a mí los vientos, los puedo
Soltar cabalgando en los espacios.
Las palabras que digo y cada gesto
Que alrededor de su sonido en el aire dispongo
Tuercen árboles distantes y los hombres
Se despedazan y mueren en su eco.
Puedo atormentar a los animales
Hacer que la tierra cante, que las montañas
Tiemblen y que florezcan los peñascos>>
INICIAL
El mar azul y blanco y las relumbrantes
Piedras El palpitante espacio
Donde lo que esta lavado se vuelve a lavar
Hacia el rito del
espanto y del comienzo
Donde soy a mí misma devuelta
En sal espuma y concha regresada
A la playa inicial de mi vida.
LA PEQUEÑA PLAZA
Mi vida había tomado la forma de la pequeña plaza
Aquel otoño en que tu muerte se organizaba meticulosamente
Yo me aferraba a la plaza porque tú amabas
La humanidad humilde y nostálgica de las pequeñas tiendas
Donde los empleados doblan y desdoblan cintas y telas
Yo quería cambiarme por ti, porque ibas a morir
Y la vida toda dejaba allí de ser la mía
Yo trataba de sonreír como tú sonreías
Al vendedor de periódicos al vendedor de tabaco
Y a la mujer sin piernas que vendía violetas
Yo le pedía a la mujer sin piernas que rezara por ti
Yo encendía velas en todos los altares
De las iglesias que quedan cerca de esta plaza
Pues tan pronto abrí los ojos fue para leer
La vocación de lo eterno escrita en tu rostro
Yo convocaba las calles los lugares las gentes
Que fueran testimonio de tu rostro
Para que ellos te llamaran para que ellos deshicieran
El tejido que la muerte entrelazaba en ti.
FELICIDAD
Por la flor por el viento por el fuego
Por la estrella de la noche tan límpida y serena
Por el nácar del tiempo por el agudo ciprés
Por el amor sin ironía por todo
Lo que atentamente esperamos
Reconocí tu presencia incierta
Tu presencia fantástica y liberta
VENECIA
Dentro de este cuarto otro cuarto
Como un Carpaccio en las calles de Venecia
Segunda imagen susurro de sorpresa
Y un poco así son las calles de Venecia
Con fondo glauco de laguna o vidrio
Y un poco así en nuestra vida el doble
Espejo sin perdón por lo que no vivimos
Camina destinado a perderse
CAMÕES Y LA RENTA
Irás a palacio. A pedir que la renta
Te sea cancelada el día convenido
Este país te mata lentamente
País que llamaste y no responde
País que nombras y no nace
En tu perdición se concertaron
Calumnias desamor envidia ardiente
Y nunca faltaron enemigos
A quien se atreve a ser enteramente
Y aquellos a los que invocaste no te vieron
Porque estaban encorvados y doblados
Por la paciencia cuya mano de ceniza
Apagó los ojos en sus rostros
Irás a palacio irás pacientemente
Pues no te piden cantos sino paciencia
Este país te mata lentamente
LA PAZ SIN VENCEDORES NI VENCIDOS
Danos Señor la paz que te pedimos
La paz sin vencedores ni vencidos
Que el tiempo que nos diste
Sea un nuevo recomienzo de esperanza y de justicia
Danos Señor la paz que te pedimos
La paz sin vencedores ni vencidos
Eleva a la transparencia nuestro ser
Para poder leer mejor la vida
Para comprender tu mandamiento
Para que venga a nosotros tu reino
Danos Señor la paz que te pedimos
La paz sin vencedores ni vencidos
Haz Señor que la paz sea de todos
Danos la paz que nace de la verdad
Danos la paz que nace de la justicia
Danos la paz llamada libertad
Danos Señor la paz que te pedimos
La paz sin vencedores ni vencidos
EUGENIO DE ANDRADE
, Póvoa de Atalaia, 1923, Oporto 2005. Realizó estudios en Lisboa y Coimbra. Poeta, Prosista y Traductor. Vivió en Oporto desde 1950. Algunos de sus libros de poesía son: Las Manos y los Frutos, 1948. Los Amantes sin Dinero, 1950. Las Palabras Prohibidas, 1951. Hasta mañana, 1956. Corazón del día, 1958. Mar de Septiembre, 1961; Obstinado Rigor, 1964. Oscuro Dominio, 1971. Materia Solar, 1980. Branco no Branco, 1984. Vertientes del Mirar, 1987. El Otro Nombre de la Tierra, 1988. Rente ao dizer, 1992; Poesía, Tierra de mi Madre, 1992; Oficio de paciencia, 1994. La Sal de la lengua, 1995. Pequeño Formato, 1997. Poesía, 2000. En Oporto existe una fundación con su nombre.
Premio PEN Club, 1984. Premio Jean Malrieu, 1989. Premio Extremadura, autores Península Ibérica, 2001. Premio Camões, 2001.
Es urgente el amor
Es urgente un barco en el mar.
Es urgente destruir ciertas palabras,
odio soledad crueldad,
ciertos lamentos,
muchas espadas.
Es urgente inventar alegría,
multiplicar los besos, los trigales
es urgente descubrir rosas y ríos
y mañanas claras.
Cae en los hombros el silencio y la luz
impura, hasta doler.
Es urgente el amor, es urgente
Permanecer.
Busca la maravilla
Donde un beso sabe
a barcos y bruma.
En el brillo redondo
y joven de las rodillas.
En la noche inclinada
de melancolía.
Busca.
Busca la maravilla.
POEMA A MI MADRE
En lo mas hondo de ti,
Se que te traicioné, madre
Todo porque ya no soy
el niño adormecido
en el fondo de tus ojos.
Todo porque ignoras
que hay lechos donde el frío no se demora
y noches rumorosas de aguas matinales.
Por eso a veces, las palabras que te digo
son duras, madre.
y nuestro amor es infeliz.
Todo porque perdí las rosas blancas
que apretaba contra el corazón
en el retrato enmarcado.
Si supieras como amo aún las rosas
tal vez no ocuparas las horas de pesadillas.
Pero tú olvidas muchas cosas;
olvidaste
que mis piernas crecieron,
que todo mi cuerpo creció,
y hasta mi corazón se hizo enorme, madre
Mira ¿quieres oírme?
a veces aún soy el niño
que se adormeció en tus ojos;
aún aprieto contra el corazón
rosas tan blancas
como las que tienes en el retrato;
aún oigo tu voz:
Era una vez una princesa
en medio de un naranjal...
pero tú sabes, la noche es enorme,
y todo mi cuerpo creció.
Y salí del retrato,
di a beber mis ojos a las aves.
No me olvidé de nada, madre.
Guardo tu voz dentro de mí.
Y te dejo rosas.
Buenas noches, me voy con las aves.
PEQUEÑA ELEGÍA DE SEPTIEMBRE
No se como has venido,
pues, debe haber un camino
para volver de la muerte.
Estás sentada en el jardín,
las manos en el regazo llenas de dulzura,
los ojos posados en las últimas rosas
de los extensos y calmos días de septiembre.
Qué música escuchas tan atenta
que no das conmigo?
¿Que bosque, o río, o mar?
¿O es dentro de ti
que todo canta aún?
Quería hablar contigo.
decirte apenas que estoy aquí,
pero tengo miedo,
miedo que toda la música cese
y tú no puedas más ver las rosas.
Miedo de romper el hilo
con que tejes los días sin memoria
¿Con que palabras
o besos o lágrimas
se despiertan a los muertos sin herirlos,
sin traerlos a esta espuma negra
donde cuerpos y cuerpos se repiten,
parsimoniosamente, en medio de sombras?
Quédate así,
Oh llena de dulzura,
sentada, viendo las rosas,
y tan ajena
que ni das conmigo.
CORAZÓN DEL DÍA
Aún me miras, no sé si muerta:
desprendida
de innumerables, melancólicos muros;
recordando sólo
que fuimos jóvenes y hermosos,
alados y frescos y diurnos.
¿De que lado adormeces?
Alma: ¿nada te duele?
No te duele nada, lo sé;
ahora el cuerpo es hermosura
urgido de ser río:
a mi encuentro vuela.
Nada te hiere, nada te ofende.
En un paisaje de agua,
tranquilamente,
extiendes tus ramas
que sólo la brisa acaricia
La brisa y mis dedos
perfumados de tu rostro.
Mamá, ahora nada nos separa.
De tu mano me llevas,
una vez mas,
al bosque donde me siento
a tu sombra.
¡Cómo creciste!
Suspiras.
Alma: como crecí.
Como tú
ahora
pequeña, frágil, llovizna.
António Ramos Rosa
nació en Faro en 1924. Poeta, ensayista y traductor. Vive en Lisboa. En poesía ha publicado los siguientes libros: El grito claro, 1958. Viaje a través de una nebulosa, 1960. Voz inicial, 1960. Sobre el rostro de la tierra, 1961. Estoy vivo y escribo sol, 1966. La piedra desnuda, 1973. Ciclo del caballo, 1975. Figuraciones, 1978. Incendio dde los aspectos, 1980. Volante Verde, 1986, Acordes, 1989. Clamores 1992. Lampara con algunos insectos, 1993. tu rostro, 1994. El navío de la materia, 1994. La mesa del viento, 1997. Antología poética 2001. Gran Premio de poesía Inasset, 1986. Gran Premio de Poesía Asociación Portuguesa de Escritores 1989. Premio Pessoa 1988
Porque no supe merecer la gloria
,
la más dulce
la de quedarme a tu lado
y que la sangre
la palabra
aboliera la diferencia
entre mi cuerpo y mi voz
porque te perdí
no se quien soy
POEMA DE UN FUNCIONARIO CAN
SADO
La noche me cambió los sueños y las manos
me dispersó los amigos
tengo el corazón confuso y la calle es estrecha
estrecha en cada paso
las casas nos devoran
nos consumen
estoy en un cuarto solo en un cuarto solo
con los sueños cambiados
con toda la vida contrariada ardiendo en un cuarto solo
Soy un funcionario apagado
un funcionario triste
mi alma no acompaña mi mano
Débito y Crédito Débito y Crédito
mi alma no baila con los números
intento esconderla avergonzado
el jefe me pescó con el ojo lírico en la jaula de la casa
y debitó mi cuenta de empleado
Soy un funcionario cansado de un día ejemplar
¿Por qué no me siento orgulloso de haber cumplido mi deber?
¿Por qué me siento irremediablemente perdido en mi cansancio
deletreo viejas palabras generosas
flor muchacha amigo niño
hermano beso novia
madre estrella música
son las palabras cruzadas en mi sueño
palabras soterradas en la prisión de mi vida
esto todas las noches del mundo en una sóla noche larga
en un cuarto solo.
Nacimiento último
Como si no tuviera sustancia y con los miembros apagados.
Desearía enrollarme en una hoja y dormir en la sombra.
Y germinar en el sueño, germinar en el árbol.
Todo acabaría en la noche, lentamente, bajo la lluvia densa.
Todo acabaría por el más alto deseo en una sonrisa de nada.
En el encuentro y en el abandono, en la última desnudez,
respiraría al ritmo del viento, en la relación más viva.
Sería de nuevo el germen que fui, el rostro indivisible.
Y ebrias las palabras dirían el vino y la arcilla
y el reposo de ser en el ser, sus oscuras terrazas.
Entre rumores y ríos la muerte se perdería.
La mujer feliz
Está de pié sobre las blancas dunas.
Las olas la conducirán
y los vientos la llevarán. Está ahí
en la redonda perfección de la ofrenda.
Duerme en el sereno esplendor.
Dice luz porque dice ahora y eres tú y
soy yo en un círculo solitario.
Está ebria de aire como una fuerte lámpara.
Es un área de equilibrio, de movimientos flexibles,
un reposo incendiado, la victoria de una piedra.
Se abren aguas hondas y un nuevo fuego aparece.
¡Que lentas son las largas hojas y las arenas!
¡Que denso es este cuerpo, esta luna de arcilla!
Desnuda como una piedra ardiente, más que una
Promesa
fulgurante, la amorosa presencia de una mujer feliz.
En ella duermen los pájaros, duermen los nombres puros.
Ahora crepita la noche, las lenguas que circulan.
Crecen, crecen los músculos de la más intima distancia.
Cuerpo de aroma
Fuiste corola o barco
¿pero cuando?
mi hermana
mi amante leve, mi árbol,
que el mundo eleva
en la inocencia absoluta
del instante.
Alta estabas en lo amplio y recogida
como una lámpara,
alta estabas en la baranda blanca.
Si acaso aún puedes ser aroma
de mis ojos.
Cuerpo en el cuerpo,
retiro y sustancia, línea alta
de la delicia,
nada te pediré en mi ansia
de puro espacio,
de azul inmediato,
de luz para el olvido y el desierto
Casimiro de Brito
. Algarve, Portugal, 1938. Autor de: Labyrinthus.1980. Dos Aguas un río, 1989. (Con Ramos Rosa). Súbitamente el Silencio, 1991. Opus Afectuoso, 1997. Animal Volátil, 2001. En el 2002 recibió el premio Internacional de Poesía Leopold Sedar Senghor, por su obra poética, Director de festivales de poesía en Lisboa y Faro. Presidente de la asociación europea para la promoción de la poesía y actualmente presidente del PEN Club portugués.
AMOR SOLAR
Cansado de los hombres aparto las nubes
En busca de un árbol donde pueda
Beber en paz y en paz
Construir mi nido. Ahí
En el tronco más silencioso de la gran casa
No soy ciudadano de ningún país
Padre de ninguna familia
Soy apenas el perro más humilde
Del mundo que hay más allá del mundo
Donde se miden milimétricamente
El bien y el mal. En ese patio
Ya no estoy, me aparté
Cuando perdí el sentido del peso
Y de las medidas cuando alguien me dijo
Y yo lo vi.
Que en una gota de vino hay diez mil años
De amor solar.
EN LA VÍA DEL MAESTRO
Camino hacia la muerte como quien teje
El hilo de cabello que une este cuerpo
A todas las cosas: El amor sin cálculo,
La luz de las gaviotas, la sandalia de quien se aparta
En la playa desnuda. Hablo de sombras y del silencio hablo
En la cal de la mañana escalada interior,
Alpinismo puro. El atajo en esas dunas,
Se confunde con los pies
Y no se distinguir la piel
Del aire girando ni el alma del polvo
De mi dorso. Me oigo en las estrellas
Más distantes también ellas habitan,
Dice el maestro,
En la sangre terrosa y sin arterias.
La paz
¿Si te pidiera la paz, qué me darías
pequeño insecto de la memoria de quien soy
nido y alimento? ¿Si te pidiera la paz,
la piedra del silencio cubriéndome de polvo,
la voz limpia de los frutos, qué me darías
respiración pausada de otro cuerpo
bajo mi cuerpo? Perdóname ser tan solitario y aún hablarte
de mi exilio. Perdóname si no te pido
la paz. Apenas pregunto: ¿Qué me darías
a cambio si te la pidiera? ¿La sabiduría? ¿El sol?
¿Un caballo de ojos verdes? ¿Un campo de batalla
para grabar en él tu nombre junto al mío?
¿O apenas un cuchillo de fuego, intranquilo
en el centro del corazón?
Nada te pido, nada. Visito, simplemente,
tu cuerpo de ceniza. Hablo de mí,
te entrego mi destino. Y vivo la muerte
sólo de preguntar: ¿Qué me darías si te pidiera
la paz
y supieras cómo la quiero construida
con materias vivas de libertad?
De la palabra
Silencio: la palabra
respira. Cuerpo tirado
en el mar. Silencio de fuego
y música.
Silencio: la palabra sangra
su cántico de polvo. Pez
de sombra
mordiendo las estrellas.
La palabra solamente. La palabra
refresca. Hueso abandonado
en la playa desierta.
La palabra de agua
donde niego la muerte. Pausa
de sol.
Nuno Júdice
, 1949. Se doctoró en Literatura Medieval en la Universidad Nueva de Lisboa. Algunos de sus libros: La noción del poema, 1972. Las innumerables aguas, 1974. El mecanismo romántico de la fragmentación, 1975. Lira de Liquen, 1986. Las Reglas de la Perspectiva ,1990.Un canto en la esperanza del tiempo, 1992. Meditación entre ruinas, 1994.El movimiento del mundo 1996. La fuente de la vida 1997. Raptos 1998. Teoría General del Sentimiento, 1999. Juegos de Reflejos, 2000.
ZOOLOGÍA: EL GATO
Un gato, en casa, solitario, sube
a la ventana para que, de la calle
lo vean.
El sol pega en el vidrio
y calienta al gato que, inmóvil
parece un objeto.
Se queda así para que
Lo envidien indiferente
aunque lo llamen.
Por no se qué privilegio,
los gatos conocen
la eternidad.
Cosas
Aristóteles nunca tomó café.
Platón nunca comió feijoada a la brasilera.
Alejandro nunca ordenó cuscús en Alejandría.
Cleopatra nunca vistió Dior.
Cesar nunca usó un Rolex de oro.
Brutus nunca disparó un revolver.
San Agustín nunca tomó lexotanil.
Carlo Magno nunca leyó a Freud.
Marco Polo nunca tomo un avión.
Lorenzo de Médicis nunca condujo un Ferrari.
Erasmo nunca simpatizó con Choucroute.
Lutero nunca hizo yoga.
Yo tampoco.
METAFÍSICA
Frente a la taza de café, enciende
un cigarro. No quiere saber de inspiración,
de versos, de tal vez, de rumbos vagos
como la dirección de los ríos. Es probable
que el tiempo no lo asuste, que la muerte
no sea para él, más que una
idea sin realidad visible: que
los ojos no dejen translucir algo
de una vida abstracta que coincida
con el alma. A veces piensa en responder
las interrogantes que se le plantean. Pero
posterga ese instante. Prefiere mantener
la silenciosa obstinación del presente,
como si durara, y el café
no se hubiera enfriado en la taza.
POESIA
de donde viene la voz que nos
rasgó por dentro, que
trajo consigo la lluvia negra
del otoño, que huyó por
entre neblinas y campos
devorados por la hierba?
Estuvo aquí aquí dentro
de nosotros, como si siempre aquí
hubiera estado: y no la
oímos, como si no nos
hablara desde siempre,
aquí, dentro de nosotros.
Y ahora que la queremos oír,
como si la hubiéramos re-
conocido antes, ¿donde está? La voz
que danza de noche, en el invierno,
sin luz ni eco, entre tanto
segura de la mano el hilo
oscuro del horizonte.
Dice “no llores lo que te aguarda,
ni desciendas de inmediato por la margen
del río postrero. Respira
en una breve inspiración, el olor
de resina, en los bosques y
el soplo húmedo de los versos”
Como si la oyéramos.
Rosa Alice Branco
, 1950. Poeta y ensayista Licenciada en Filosofía. Es investigadora en Comunicación y Arte. Obra poética: Animales de la tierra, 1988. Monadología Breve, 1991. La mano feliz, 1994. El último trazo del pincel, 1997. Del alma y de los espíritus de los animales, 2001. Animal volátil (con Casimiro de Brito) 2002.
El secreto de la materia
Tengo seis años y subo al ático,
por las escaleras que crujen
bajo los pies que vuelan en secreto,
crujen como la puerta al abrirse
hacia la luz filtrada de los temores de la infancia
donde espero un poco
por todo lo que me espera desde la eternidad.
Tengo siete años y la ceniza se confunde con la luz
depositada en el tiempo. Los cofres dan a ver el otro lado
del mundo disperso por el suelo a mi vuelta.
No son objetos sino el propio misterio de la existencia
que va pasando por mis manos
cuando tengo ocho años, cuando tengo ahora
el secreto de una puerta que se abre hacia la casa.
Recorro los caminos de la mesa, de la cama, de la chimenea,
las raíces de la casa son el ático
donde la luz toca en las manos el infinito.
Subo con los ojos espantados
y espero aún la aurora que me aguarda
aproximándose lentamente a su polvo.
ORACIÓN A SAN GREGORIO
donde no haya horario ni salario
ni hoja de higuera
ni piedra de sal
ni cosa que haga mal
sólo un ramito del viento
para podernos salvar
Dormíamos encima de las gallinas
al lado de las palomas
de los montones de leñas que llegaban hasta la ventana
con los olores de mayo.
A veces un trueno
hacia al santo pararse de la cama
tomar café de prisa
abrirse camino para apartar la tempestad
del miedo de los conejos y de la abuela.
Me acuerdo de la trenza balanceándose
a la luz de la lamparita
de la oración esparcida por el cuarto
y yo encogida en el calor de la cama
para no oír ladrar los perros en la noche
sin saber que un santo los llevaba lejos del monte
donde nunca hubo ni horario ni salario
ni hoja de higuera
ni el tiempo que nos cuenta los días
sólo un ramo de viento que florece en la ventana
entre la ceniza y la madera
y el amor de la abuela.
ARTE POÉTICA
Me gustaría comenzar con una pregunta
o con el simple hecho
de que las rosas que desde aquí se ven
entren en el poema.
¿Que es entonces el poema?
¿un tejido de orificios por donde entra el cuerpo
sentado en la mesa y el modo
como las rosas me acechan desde la ventana?
Afuera un jardinero trabaja
un niño corre, una gota de rocío
acaba de evaporarse y la humedad del aire
no entra en el poema.
Mañana estará mustia aquella rosa:
podrá escoger su epitafio, la mano que la sepulte
y después entrar en un cantero del poema,
mientras un capullo se abre en verso libre
afuera donde late el rumor del día.
¿Que son las rosas dentro y fuera
del poema? ¿Donde estoy yo en el verso
en el que el niño se tiró al suelo cansado de correr?
¡Y es la hora del almuerzo del jardinero!
Como si fuera indiferente que la gota de rocío
hubiera entrado o no en el poema.
GRAVITACIÓN UNIVERSAL
De nuevo el mar que espero
sentada a la ventana que da hacia las rosas,
Que da hacia todas las calles por las que pasé
con tus pasos. Hacia los caminos
donde volteamos la cabeza para no ver
el hombre desvaído en el suelo.
Después comimos en la casa de un amigo,
bebimos y hablamos como si la vida fuera eterna.
De regreso la calle estaba limpia, sin señales
de sangre. Las luces sobre el mar en las dos márgenes
y tu mano en mi pierna. Allá en el cielo
un hombre sin vientre busca sus alas.
Nada se de ángeles. Yo que espero el mar todos los días
creo en la rotación de la tierra y en la ley de la gravedad.
Pero cuando llegas el cuerpo pierde peso
y las palabras vuelan alrededor de nosotros.
ANA LUISA AMARAL
. Lisboa, 1956. Vive en Oporto. Es profesora de Letras. Especializada en Literatura Norteamericana. Es traductora de Emily Dickinson. Trabaja en el proyecto: Literatura e Identidad. Traducida a varios idiomas. Ganadora del Premio correntes d´Escritas. Premio Literario Casino da Póvoa Es una de las poetas actuales más reconocidas de Portugal. Ha publicado: Mi señora de que, 1990. Cosas de partir, 1993. Epopeyas, 1994. Y muchos los caminos, 1995. A veces el paraíso, 1998. Imágenes, 2000.
LA GÉNESIS DEL AMOR
Tal vez un intervalo cósmico
poblando sin querer la vida:
talvez un quásar que la inundó de luz,
la transformó en materia tan densa
que la escindió
la retuvo suspendida
en el espacio
Eran formas cadentes
como estas:
Imágenes como bóvedas del cielo,
asombrosas igual al asombro en el que nacerían
las primeras preguntas sobre los dioses.
el cero, el universo,
la solidez de la tierra redonda y luminosa,
esperando Admastores que la domestiquen,
o fuegos fatuos incendiando miradas,
o marineros ciegos, ávidos de luz,
de la línea que, acompasada
divide cielo y mar
Quásar es poco, porque la palabra roza
lo que la piel descubrió. Y tampoco la piel
alcanza:
pequeño meteoro en implosión
Estatua luminosa, tal vez,
esperando la paz (aunque haya ausencia
de creencia o de fe) y, profano el diseño
de esos extraños animales,
semi monjes, malditos
deslumbrados,
y una visión tal vez
en la penumbra serena de algún
claustro
Tal vez así tendría algún
sentido
la génesis del amor
SALOMÉ DESPUES DEL CRIMEN
¿Cuantas veces te vi
y me sorprendí mirándote ?
Sintiendo la tentación
de espiarte y el deseo de amar
lo que no tenía
Como saber
por los sueños más desnudos
que me asaltaban,
que yo no era un paisaje para ti?
Ven lujuria sólo
donde hubo amor
y un crimen tan enorme de lujuria:
pero yo te quise indefenso
como una fiesta,
tus labios una fiesta para mí
Cuantas veces estuve
pensando en mi crimen
y en la historia de los hombres
juzgándome!
Pero lo que vi
en la bandeja del crimen
fueron los ojos con los que
me mirabas
(yo un paisaje finalmente)
y la lujuria
que hay siempre
en el amor
Primera imagen
En una tarde de sol,
se dispone el bordado y a bordar.
Es que la luz del balcón era tan fuerte
que los ojos se mantenían,
implorando
Un sueño , quisiera.
Y alguien sonriendo,
lentamente se alejó,
monte arriba.
LA HORA MÁS EXACTA
Imágenes
que vovían lentamente,
se recostaban en ella sin pudor.
Y en el silencio, la esfinge impenetrable,
conociendo el color del corazón:
renuente a los barcos
deponiendo por el suelo de otros palacios
las armas más preciosas.
No puedo, agregará
sintiendo que se aproxima
la hora exacta.
CASI NADA MÍSTICO
No, no debe ser nada este palpitar
adentro: sólo un lento deseo
de bailar. Y ni debe tener gran
significado este vapor dorado,
invisible a miradas ajenas:
sólo un polen a medias, como de abeja
esperando volar. Y no es con certeza
relevante este brillante aquí:
polvo de diamante que encontré
en el verso y por azar, poema
muy breve y muy corto,
que aprovecho y traigo para ti.
VISITACIONES, O POEMA QUE SE DICE M
ANSO
Mansamente entró, mi hija.
La madrugada entraba como ella, pero no
tan mansamente. Los pies descalzos,
con un ruido menor que el de mi lápiz
y una risa mayor que la de mis versos.
Se sentó en mi regazo, mansita.
El poema me invadía como ella, pero no
tan mansamente, no con esta exigencia
tan mansa. Como un ladrón furtivo,
mi hija me robó la inspiración,
versos casi logrados, casi míos.
Y mansamente se adormeció aquí
feliz por su crimen.
Siete poetas portugueses
Rolando Peña
Caracas 14 de junio de 2009
En Paris en la rue des Beaux Arts se encuentra el Hotel el Hotel, donde se hospedaban entre otros Oscar Wilde y Jorge Luis Borges para citar a dos insignes escritores.
Viviendo en la ciudad de New York, años 60, mi gran cómplice José Ignacio Cabrujas me escribía unas maravillosas cartas donde terminada recordándome una frase que nunca olvidare…” Caro rolando nunca te olvides que Venezuela es un Hotel, todo el mundo siempre esta de paso “
Todas estas especulaciones me vienen a la cabeza leyendo este maravilloso libro de poesía - video de Mariela Casal, Hotel.
Definitivamente Mariela trabaja siguiendo las formas chinas de los grande poetas de la dinastía T`ang, Bai Juyi, Du Fu y Li Po, caligrafía, pintura, poesía, ella le agrega el performance, cito a Alfred Jarry fundador de la Patafísica, el decía “que la Patafísica era la ciencia que estudiaba los fenómenos sobrenaturales-particulares”. Mariela Casal es sin duda muy particular, al leer sus poemas la forma como son escritos en el papel alargando las palabras ya es atípico, al verlos en video o DVD las imágenes se transforman en una estética que sin duda es de ella, el movimiento de la cámara te va señalando unos espacios perturbadores, los sonidos naturales y las palabras del poema que se entrecruzan te crean una especie de caos organizado, azaroso es como una gran contradicción, y es precisamente ese caos, azaroso contradictorio el que le sirve para hacer su poesía visual, en este punto tengo que citar a las matemáticas del caos de Rene Thom y los Fractales de Mandelbrot, sin duda es su manera de comunicarnos sus inquietudes, sus alegrías, frustraciones, arrecheras, anhelos, pero sobre todo su inmenso deseo de comunicarse con todos nosotros y decirnos, coño aquí estoy yo en este maravilloso combate, para transmitirles lo que siento, pero eso si a mi manera, esta es mi historia, mi pequeña o grande historia, se las estoy contando, oiganla, veanla, huélanla, cómansela, y disfrútenla, pero no se queden indiferentes, la indiferencia jamás, la indiferencia es un mal coito (polvo). Eso es precisamente lo que me seduce de la obra de Mariela Casal, tiene aire propio, espacio, vehemencia, a veces quietud, una quietud inquietante, por ejemplo cito parte de un poema de ella, “ solo se que volveré a verte en nuestro hotel, las calles son pliegues ”. Quiero nombrar a uno de los grandes poetas de este país y del continente, José Antonio Ramos Sucre cito parte de un poema de su libro “La Torre del Timón”, “yo adolezco de una degeneración ilustre; amo el dolor, la belleza y la crueldad, sobre todo esta última que sirve para destruir un mundo abandonado al mal”. (La vida del maldito), definitivamente en el mundo de Mariela se entremezclan muchas disciplinas e indisciplinas, sus inquietudes son múltiples y variadas, no se pueden encasillar en ningún estilo y eso es fantástico de su obra, es una gourmet de muchos paladares, sensaciones, deseos y realizaciones, la felicito entrañablemente y quisiera leer algo de Rafael Cadenas “tal vez el secreto de los apacible esté allí, entre líneas, como un resplandor innominado, y mi soberbia injustificada ceda el paso a una gran paz, una alegría sobria, una rectitud inmediata”, hasta entonces.
No puedo terminar sin citar de nuevo a José I. Cabrujas, en su obra de teatro de las primeras que escribió “El extraño viaje de Simón el Malo”, es esta frase, el amor es cuando dos ojos sorprendidos se encuentran …………gracias…………..
Saludos.
Rolado Peña
Fotomontaje: Rolando Peña
Hotel...El hotel
Mariana Libertad
Postdiluviano
Tus aguas
menores describen la parábola perfecta
expeles en mi politiquísima fachada
De tu hueco,
dorada como el antiguo Potosí
procede a la madefacción
de mi entrecejo. Efluvio muriático y contundente
odorífero fluido que no se rinde
que no quiero que se detenga jamás.
Espalda al suelo
recibo en las papilas gustativas
sobre los pechos que ya no mamas
sobre el ombligo que se colma
Urea bautismal,
única posibilidad de resurrección.
Por Leo
Ofensiva. Revés. Cajón. América.
Leo. Nunca mueras. Nunca par. Adolece
Hormiga. Calor. Desierto. Luna
Adolece ¿por qué te empeñas en estar presente?
Incompleto. Resbaloso. Penetrable y sonoro.
¿Por qué tenido, por qué presente y siempre,
urna de cristal, arena fija?
Restos. Primos. Olvidos. Zapatos
¿Por qué reafirmas, refrendas, te pronuncias?
Origen. Compás. Luna. Calor.
Leo. Desaparecé ya. Desaparecé en vos. Completate
Completate ¿Por qué el llanto, el exceso, y el ardor?
Lleno. Entero. Divisible entre dos y uno.
¿Por qué dejarte desear, por qué la fuga,
por qué la resistencia y no la guerra?
Claro. Firme. Roble inamovible.
¿Por qué no enfrentas sino que sólo acumulas?
Lugo. Noche. Interior. Cama.
Leo. No te quedes. Vete y vuelve. Desvanece
Desvanece. Sin voz. Sin rostro. Entero
¿Por qué te gozo y gozo tu silencio,
tu no ser, tu dejarme contemplarte?
Erradicado. Nuevo. Con costuras.
¿Por qué en el fondo-sur de mis lamentos?
Poemas de Mariana Libertad
José Miguel Ullán
falleció
este 23 de mayo en Madrid a causa de un cáncer que padecía desde hace tiempo. Su obra es radical, heredera de muchísimos registros, capaz de aunar toda la audacia crítica de vanguardia y el rescate óptimo de lo tradicional. En un poema llamado Arreglo de cuentas, decía Ullán: toda palabra sabe de antemano/-por ello ni siquiera se lo imagina-/ que vale acaso más que/ mil imágenes de las llamadas palpables/ aun cuando ese concepto el valor/ tan agrio/ sea un invento reciente. Y su poesía trazo y volvió a trazar ese camino, la palabra. Su poesía es un testimonio vehemente del tratamiento verbal, capaz de diagnosticar en las palabras el trayecto sistemático e impacable que debe y debiera seguir en la sordera que es capaz de hacer de la realidad un lugar plagado de lenguajes, a veces feroces depredadores luchando entre sí. La complejidad de su obra deberá ahora analizarse con más vigor. La divulgación de ésta no hizo mucha justicia a su rotunda propuesta. En su poesia reunida Ondulaciones (Galaxia Gutenberg, 2008), Miguel Casado afirma respecto a la lengua con la que escribía Ullán: “La lengua de Ullán ha de ser una lengua híbrida, de raíz heterogénea, y sólo la fuerte personalidad de la voz poética la hace sentir como cuerpo, como extrañamente personal. Una rápida enumeración no puede agotar la diversidad (…) voces rurales, términos dialectales elementos de la poesía y la canción populares, del lenguaje del periodismo, la política o la publicidad, habla oral, insertos procedentes de textos ajenos de diversa índole (literarios, administrativos, escolares, jurídicos…), palabras y frases en otras lenguas, ráfagas de intenso lirismo, versos según los modelos retóricos clásicos …”. Ullán se acercó valientemente a una riqueza léxica muy poco común, y como dice mas abajo Casado, este afán sólo se ha dado en la lengua castellano con César Vallejo.
Los poemas de Ullán logran una complicidad especial con el lector, la cual inagura la despreocupación por el sentido, al menos entendido éste en su más desafortunada acepción de un comprensión poco capaz de atisbar la totalidad de discernimientos posibles.
Eduardo Milán
desentraña mejor esta cualidad, además de reflexionar sobre las estrategias de escritura que emplea Ullán. También en esta dirección vale sacar a colación lo expresado por Julio Cortázar: ” José Miguel Ullán se aparta resueltemente de lo trillado, incluso a riesgo de sorprender o escandalizar, y se sitúa en un nivel individual que le da su acento más profundo y valedero”.
Dentro de la amplísima labor periodística y de edición a la que se avocó Ullán (Radio Nacional de España, Televisión española, El País, ABC, Diario 16 y la Editorial Ave del Paraíso,etc.) es también destacado su desempeño en el consejo asesor de la revista
espiral
. Una revista de culto que supo transmitir en la transición española las más destacadas tendencias literarias y artísticas. Dirigida por Julián Ríos, Ullán pertenecía a este consejo junto con Octavio Paz, Haroldo de Campos, Edgardo Cozarinsky, Severo Sarduy, Juan Goytisolo y Octavio Armand.
Ullán, el máximo experimentador de la poesía española, el cuál
confesó
no poder escoger su propia tradición. En Ondulaciones, se puede observar un trabajo detallado de todos sus libros, la realización de sus poemas visuales y experimentales y sus textos. Ahora queda la misión de leer y releerlo, con ojos que buscan la realización del deseo, pienso en algunos versos del poema Las primeras cosas: Era entonces el tiempo, lento y oscuro, de las debidas alianzas. La sumisión de la ironía al espacio desnudo del asombro, de la evocación de la nada (…) Los ojos deseantes, alegres, para salir del campo de la cotemplación giratoria”.
José Miguel Ullán
Leo Felipe Campos
Resulta difícil hablar de ti, Martha, porque fuiste una especie de amor platónico, y un poco adolescente. Si a estas alturas de los segundos ya nadie se acuerda, qué me dirás de los primeros. Para mí es difícil, además, porque conozco personas que te conocieron, y yo ni siquiera pude/quise/busqué/supe mirarte. Entonces, comprenderás, aunque no lo esté, me siento en desventaja. Para mí eras la foto de unos niños saltando al vacío y varios de mis primeros poemas. Algo así como las ganas. Eras un libro o dos que buscaba de feria en feria, Monteávila, Pequeña Venecia, Vitrales de Alejandría, delgadito, barato, tus gritos brutales a precio de saldo escondidos en cajas de cartón: Maceite, Ajax, toda la putrefacta clase media caraqueña venida a menos, algo así como el coraje. Eras, chica, y no quiero decir chica porque me suena a muletilla de clase media alta, que puede ser todavía más putrefacta que el taladro de los odontólogos, una heroína. Te lo voy a decir aunque lo sepas, cuando terminé de leer tu primer poemario, supe que te arrojarías a la muerte desde un balcón. Nadie me lo dijo. A mí ni el Ateneo, ni los aviones, ni la gente del CELARG, ni la UCV, ni las letras me interesaban. Te lo juro. Sólo me gustaban tus poemas, esos poemas que leía y releía, y compraba para regalar. Te escribí uno. No me avergüenza decirlo, una copia pésima de esa potencia que a ti te salía naturalmente. Claro, yo no estaba desesperado. Yo era merenguero, no punk. Yo era playero, no estudiante. Yo era un trabajador de quince y último con el cabello de lado y los ojos verdes, sin barba, sin cigarrillo en la boca, con apenas 18 años y una ingenuidad de morralito sucio. Era así que te leía desde la sala de colores de un apartamento en El Paraíso. Así le pregunté a una profesora por ti y supe que te habías fugado como una luz que te encandila y se convierte en un punto negro, que es como el signo de que algo malo acaba de ocurrir pero se te va a olvidar pronto, o como un pajarito que cae muerto desde la rama frondosa de un árbol con púas. Así me senté en las escaleras del piso 3, módulo 5, de la UCAB, año 99-2000, con mis piernas flacas, enclenques, a tratar de comprender por qué mi intuición era acertada. Y me repetía: lo sabía. Y me preguntaba: ¿cómo? Y quise salir corriendo a buscar tus otros libros y a revisar esa mini biografía escuálida que tanto repiten los editores, Lima 1959 – Caracas, un maldito año de mierda. Y en lugar de eso me fui con unos amigos a un restaurante chino a beberme unas cervezas, y a brindar. Mientras ellos lo hacían por el cine, por la mini falda de Andrea o por nosotros, ese nosotros sin ti, ese nosotros desordenado de chistes y pelucas rojas, mal aliento, dragones y ratas en el techo, yo lo hacía por tus libros. Hoy, después de tantas solicitudes de parte de José Antonio, a quien conocí hace poco, me decidí a escribir este imposible: una suicida no necesita homenajes, a una suicida hay que darle cosas que necesita, yo me enteré de tu vida sin conocerte y un poco tarde. Así que no podía darte más que lecturas.
Desde esta figura fría pero apasionada casi hasta la infancia o el terror, vine a decirte, Martha, que aunque depende de tantas cosas y puede que hayas tenido razón, nuestra malquerida palabra desnuda, que es de lo poco que nos queda, o de lo poco que nos sigue quedando, me hizo recordar esta mañana, y con cariño, a uno de los amores más inquietantes: platónico y un poco adolescente, te debo a ti el vacío en el estómago que me produjeron aquéllos versos en caída libre. Sin ellos, probablemente, mi vida sería distinta. Eso te convierte, el menos en un plano mínimo del espacio, sin necesidad de copiar aquí uno o dos de tus poemas, sin investigar ni pretender una cátedra de la métrica, el valor o el estructuralismo; sin ponerme a llorar ni hablar de merecimientos o rencores; sin anécdotas que nos vinculen; sin ánimos de debatir; sin ínfulas compilatorias ni segundas intenciones, en la mejor poeta que ha parido mi vida en este puto país. Gracias por ese epitafio adelantado en formato libro.
Espero hacerte un justo reconocimiento. Ahora sí, que José Antonio copie debajo los poemas que él desee para terminar este extraño cumplido, mitad plegaria, mitad canción salsa romántica. Yo por mí los pondría todos.
Martha
Eric Colón
"Yo soy solo".
Nomar
"Poco en verdad es lo que pido y menos aún lo que traigo conmigo, y sin embargo esto me basta. Los sufrimientos, la vejez y también mi índole propia me han enseñado a condescender con todo".
Sófocles, Las Siete Tragedias
"Si mi mamá no hubiera sido tan alcahuete, yo sería un tipo bien".
Omar "Chino" Cano
"…Vacilo cuando me gritas y te arrechas"
El Escuadrón Capote
I
Sobre las copas de los árboles que daban a la calle ciega, los rayos de sol se posaban para combinarse con las ramas altas de manera casi sobrenatural. Parecía que hasta las raquíticas patas de los Cristofués se sostenían sobre aquellos halos de luz cilíndrica.
Justo en ese paisaje de pantalla de panavision fue que vimos las sombras de los fantasmas ahorcados cuando el manto de la noche de junio arropaba hasta nuestros sueños.
Largas tardes de titiritar al borde de la piscina, para luego acostarnos en el banquito de cemento vaciado, ese mágico montículo que por alguna extraña razón nos servía de máquina solar para hacer entrar en calor a nuestros diminutos cuerpecitos, lampiños y elásticos.
La teoría que argumentábamos en aquel tiempo y en esa interminable divagación que son las conversaciones de los niños - y las de los muy adultos también-, era que el concreto podía absorber el calor del sol durante el día, para luego irradiarlo al final de la tarde, cuando salíamos de ojos enrojecidos, manos arrugadas y pelo verde a caminar en puntillas hasta nuestras asombrosas camas de concreto caliente.
Con el cansancio del final de la jornada diaria, pero con las enormes expectativas de lo que nos esperaba en horas de la noche, que podía ir de un paseo nocturno en bicicleta por los pasillos oscuros del colegio de monjas
Santa Rosa De Lima que quedaba al otro lado de la calle, hasta aventurarnos en una persecusión de rabipelaos noctámbulos.
Cualquier plan podía ser bien aceptado por el grupo, que con los años fue creciendo en miembros y hazañas, en ese encuentro fortuito de hijos adolescentes, de vecinos circunstanciales, quienes por alguna razón llegaron a convertirse en una auténtica pandilla de pelaos insolentes e inadaptados del este de Caracas. Peleles contestones, malandritos sifrinos pues.
En aquel "Este" de la ciudad, que para el año 1980 seguía naciendo y expandiéndose por las lomas de Baruta, desde Las Mercedes hasta La Trinidad, y desde Prados Del Este hasta Santa Inés, Las Mesetas, Valle Arriba, La Alameda y más allá. Urbanizaciones ideadas para la clase alta, estrato social que siempre se ha venido pasando la pelota que en este caso, es esta Venezuela desnutrida, pero hedionada a channel desde los años setenta.
Una naciente y verde Caracas que brotaba de la tierra, entre terrenos baldíos, nuevas zonas residenciales, obras en plena construcción con montañas inventadas por los visionarios ingenieros de Fundayacucho, cuando regresaban a la patria prometida por el aquel CAP de patillas y salto largo. Nuevas zonas que emergían de la nada, entre calles, en su mayoría sin señalizaciones.
Una nueva ciudad mucho más exclusiva que el "Este" de antaño, plagado de patoteros drogados e historias ye-yes de rocanrol regular.
Aquella lejana ciudad hoy me parece que nunca existió, se desdibuja en la memoria de la misma manera en que se pierden los sabores y los olores con el tiempo.
Luz planimetral sobre las llanuras artificiales de los campos de golf de Valle Arriba, satélites mecánicos que cruzaban el cielo nocturno como si la noche fuera la pantalla de un planetario, ícaros multicolores, llantos desconsolados, victorias y derrotas mínimas, intrigas fantasmales y delitos menores.
Así transcurría la vida en aquella época, con las enormes evocaciones del futuro, descifrándonos a nosotros mismos y esperando un momento crucial que nunca llegaría.
Los pensamientos se perdían en el firmamento… hasta donde podíamos llegar sin dificultad con tan sólo cerrar los ojos.
Todavía viajo en sueños intensos hacia los espacios de mi niñez.
Hacia ese lugar donde pasé la mayor parte de mi infancia, donde después de varios años pude descubrirme y saber quien era realmente.
En sueños recorro volando el pasado, e incluso hago observaciones aéreas por lugares específicos de aquella construcción.
P4 es piso 4. Un número en un buzón, un botón en un ascensor.
La mezzanina recreacional de un amplio condominio de tres torres, con jardínes, piscina, salones de fiestas y todo el confort que un conjunto residencial podía ofrecer a principios de los ochenta, aunque no tenía nada que ver con estas soluciones habitacionales de bloques multifamiliares. Aquel conjunto, incluso ganó premios de arquitectura según me dice mi memoria remota.
Un espacio infinito para jugar hasta la saciedad, escenario donde ocurrieron eventos increíbles que serán descritos en detalle más adelante. Sucesos extraordinarios, espirituales y terrenales, misterios que aún hoy después de más de 20 años todavía no puedo explicar. Momentos que produjeron emociones en mí, que más nunca logré reproducir. Ni podré.
Recuerdo las texturas de granito en el suelo de cemento, las baldosas azules con extrañas figuras geométricas de las paredes externas de la piscina, las dos mesas de ping pong, que además de servir para el ancestral juego, las usábamos también como una especie de cartelera anónima para dejar mensajes: "Kipo was here", "Gerardo pargo", y aquel dibujo de Lila, la jeva más fea del grupo, a la que le decíamos "Rambo", no solo por su apariencia, sino por su fuerza descomunal, diría sobrenatural para una adolescente común. Incluso varias veces se fue a las manos con algunos de nosotros, y nos ganaba siempre.
Detrás de la piscina se levantaba un terreno vegetal, una pequeña colina de árboles y plantas que vimos crecer con el paso de los años, hasta convertirse en un tupido bosque. A la par de los desengaños y el vello púbico.
"La cueva", un túnel de escombros detrás de aquel terreno, por donde pasaban las tuberías principales de la piscina, refugio natural que nos sirvió de escondite en varias oportunidades, cuando teníamos que escapar de algún vecino molesto o de los transeúntes a los que les lanzábamos cosas, como bombas de agua gigantes hechas con bolsas de basura de 60 kilos y fuera de la temporada de carnaval -por supuesto-, arrojadas con furia desde un cuarto piso abierto que hacía que cualquier objeto adquiriera una velocidad considerable.
Los pasajes secretos, los encuentros paranormales con bestias creadas por nuestra imaginación. Eventos inexplicables.
Allí jurábamos, vivían seres temibles que nunca llegamos a ver. Monstruos imposibles, que nos espantaban al filo de la noche y durante los sueños solitarios también.
Años después, en esa eterna investigación desordenada de acumulación de datos, nombres, lugares y trasnochos, que es en realidad el ejercicio del periodismo, supe que aquella naciente urbanización de Santa Rosa De Lima, tenía también su historia local, como la mayoría de los lugares en Caracas. Descubrí con los años, y tras adquirir ese embelesamiento extraño con esta capitalezca llamada Caracas, que el actual colegio Santa Rosa De Lima, fue originalmente un convento de monjas en medio de un terraplén desolado y selvático. De hecho, el jefe de jardineros del Hotel Tamanaco, alguna vez me
contó de su propia boca, que hacia finales de los años cuarenta no había más que monte y mojote, en todo el municipio Baruta.
Tan reciente, pueril e inexplorada es nuestra diminuta arqueología urbana, que hasta había un puesto de vacunación permanente en la avenida principal de Las Mercedes -justo en el sitio donde hoy en día queda el CVA- para que aquellos caraqueños osados que decidieran atravesar los cañaverales de Las Mercedes se vacunaran contra fiebre amarilla, antes de ingresar en esa zona aún virgen y temida. Así era la cosa.
Sin embargo, el registro más antiguo que yo personalmente poseo de la zona fue cuando, aún siendo un infante, recorrimos sus calles recién pavimentadas de modernos condominios en preventa, donde vivirían mi abuela junto a uno de sus hijos y hermano de mi madre.
Vimos sorprendidos el nacimiento de la floreciente urbanización, el Centro Comercial "Integral", como todavía se llama, donde recuerdo estaban aún todos los locales vacíos salvo uno que llamó particularmente mi atención, con bombillos morados y azules.
Era la discotienda "La Trampa", donde siempre estaban unos seres oscuros de pelo larguísimo y jeans desgastados con botas de tacón y todo. Chicas de moños de colores y camisetas rasgadas. La música que salía de ahí no se parecía a nada de lo que había escuchado antes en mi corta vida, tendría 6 ó 7 años y fundamentalmente solo había escuchado la música clásica de mi casa que sonaba todo el día en piano o guitarra, según fuera mi mamá o mi papá. Unos años después y uniendo las historias particulares supe que aquellos extraños individuos que sacudían la cabeza con The Clash o Deep Purple indiferentemente, fueron en realidad la primera generación de drogadictos de Santa Rosa. Los primeros dañaos pues, altos drogos de pincho con agua de chorro y todo.
Secuencia submarina de suelo blanco y baldosas azules, el sol dorado sobre las ondas del agua, nado hasta al fondo de la piscina sin ninguna dificultad, me salgo por las escaleritas de aluminio, me vuelvo a lanzar pero ahora pegando las rodillas en el pecho. Rápido, rápido, "torpedo humano" sobre el que está nadando en el fondo, corre, corre, por fuera de la piscina y hasta las escaleras de la parte baja o "lo bajo", como lo llamábamos. Rápido, rápido, carreras de relevo, okey, okey, ahora en "Mariposa", dale, dale, nada más duro chamo. Okey ahora vamos a tirarnos desde la ventana del segundo piso desde el baño de la mamá de Kipo que no está. Dale, dale, no, yo no me atrevo, yo sí, ahi voy, ahi voy… Splissssh… ¡Verga qué arrecho!, ¡qué arrecho!, okey, ahora desde el cuarto principal, dale dale, dale… ¡Splushhsh! beeeestia, beestia. ¿Y desde casa de Cristian?… Nooooo, no. No. Vive en el Pent-House.
- ¿Chamo no viste como a un tipo corriendo detrás de esos árboles?
- No, no. ¿Dónde?
- Allá, allá…Vamos a ver…
- ¿Por aquí?…
- ¡Bestia!, ¿viste eso?…
- Corre, corre, corre
- Jajajaja, ¡mierda que culillo!…¡Corre, corre!.
…Tienes que armar bolitas de papel y saliva en la boca, para lanzarlas con pitillos en la cara a los conductores que van con las ventanas abiertas… Okey… Dale… Uno a cada lado de la calle… ¿Bestia viste ese viejo?… Jajajaja, jaja, jajaja, jaja… Mira ahí viene una señora… Dale, dale… Bicho chamo se la metiste en el ojo.
Packrtahiklaaaann.
¡Verga chocó, chocó!… Corre… Corre… Escóndanse… Pal´ edificio… Pa´l edificio… Corre. Jajaja,. No vale pero no fue tan duro. Jajajaja. Shhhh… Calladíto… Shhhh… ¡Coño cállate becerro!.
- Chamo, ¿cuántas pelotas de tenis hay ahí?
- No sé como cien… Verga qué bolas…
- Bueno, el plan es llenar el carrito de supermercado y lanzarnos rodando por la bajada hasta la principal sin que se nos caigan las pelotas.
- Okey, dale, Vamos.
- Espérate que falta otra bolsa de pelotas… Estas son anaranjadas…
- ¡Verga qué arrecho!
- Shhhhhh, que el vigilante esta cerca.
De uniforme y cachucha de Los Yankees de Nueva York, que le había traído su mamá, Felipe caminaba con un extraño andar de encorvamiento y uñas comidas. A pesar de ser un niño largirucho, sus ojos reflejaban una extraña mirada de contrapicado que lo hacía recordar un poco al Pato Lucas. Evocaba el mismo encariñamiento, combinado con rencor y miseria, que nos recuerda el personaje de Disney. Claro, que esta reflexión la hago años después, al momento en que estoy escribiendo esto. Nunca se me ocurrió llamarlo el Pato Lucas o, mucho mejor, "El Pato", en aquellos días en los que quizás me hubiera servido de mucho.
En cambio nunca lo llamaron de ningún modo, sino simplemente Felipe, y con eso como que era suficiente. De hecho, el día que apareció otro Felipe en la pandilla, más bien en la otra pandilla, en la urbanización de al lado, inmediatamente Felipe, el primero, decidió llamarlo "Pepito", porque y que se parecía al muñequito dibujado en las bolsas de Pepito y claro, para que no lo confundieran.
Tiempo después, en la adolescencia, Felipe también quiso agremiarnos bajo una especie de legión de "chamos ratas" que él mismo bautizó como los Papís Dus, con una serie de condiciones y características personales para su ingreso.
Por supuesto que yo no estaba, más que todo por mi edad que todavía no era apta para ir a cazar jevas en grupo. Al igual que cuando se pusieron de moda los pantalones de pana "Myboy" y todos compraron sus pares en diferentes modelos y colores, pero a mi madre, que hacía una esfuerzo descomunal por estar a la par de los hijos de esas familias con negocios propios y relucientes apartamentos de pisos de parquet y aire acondicionado central, sólo le alcanzó para comprarme unos pantalones "My boy", pero de tela Jean, lo que causó un rechazo inmediato, sobre todo en Felipe, hacía mi diminuta persona, que en aquel entonces y rodeado de niños mayores -yo era la mascota de la pandilla- lucía pálida y raquítica, aunque todavía, con esa "panzita" que tienen los infantes menores de 5 años. Lo más paradójico, es que hoy en día, en mi plena adultez, me veo físicamente idéntico.
Sin embargo, no se trataba de una relación desigual, de discriminaciones y odios infantiles, más bien era Felipe el que siempre salía en mi defensa.
Me mostró un poco el mundo más allá del Paseo Las Mercedes, me habló sobre el misterio analgésico del amor hacia las mujeres y un día hasta me escoltó durante una pelea "colectiva" de esas que tanto tuvimos. Al verlo en retrospectiva, no estaba lejos la imagen de Burguess sobre las pandillas ultraviolentas del futuro londinense, aunque nosotros comiéramos raspao y jugáramos Tonga.
Londres es como Caurimare. Osaka es como Santa Inés. Nada más.
De pie y sobre la mongouse blanca BMX, Mauricio sorteaba toda clases de obstáculos. Se hacía ligero como pluma frente a los enormes montículos de tierra, en el circuito BM que montaban los "dañaos" de San Román. Puros “dañaos”.
Panameño, hijo de italianos, bajito pero compacto como un motor. El número 10 del equipo, corría como Carl Lewis. Llegaba más alto, bateaba más lejos y era determinado y conciso en todos los deportes. Alguna vez lanzó patadas voladoras que nunca antes habíamos visto, o sabíamos que él podía hacer, guardaba secretos de combate también, peleaba bajo el agua, saltaba como grillo y siempre podías estar seguro de que si había que incursionar en una competencia de cualquier tipo, Mauricio respondía como un soldado vietnamita.
No se dejaba vencer, no descansaba, no lloraba, no sangraba. Sin embargo, alguna vez lo vi llorando a escondidas detrás del murito de la piscina.
Nunca se lo dije a nadie y solo compartí sus lágrimas el día que se fue de este mundo, a los 21 años, en un accidente de tránsito en la autopista Valle-Coche, viniendo de un concierto de Rubén Blades en El Poliedro.
Hoy en día, la cancha deportiva múltiple de la escuela de farmacia en la UCV -lugar donde se graduó pocos días antes de su muerte- se llama Maurico Linero.
Mauricio me enseñó tantas cosas, que aún en mi adultez no sé a qué renglón del aprendizaje pertenecen.
Soñaba despierto con vidas pasadas y con hechos desconocidos por todos.
Aún sigo pensando que existe una trama posterior de las cosas, donde se deciden destinos y la mismísima razón del ser cobra sentido a través de síntomas precisos a lo largo de nuestra vida. Vínculos que nos llaman desde el más allá, en eventos particulares de nuestra existencia ordinaria para avisarnos o simplemente, llevarnos para siempre a la eternidad.
Al ritmo de "Go Stand So Close To me", Alexandra juega con la física de su pelo dorado. Usa hot pants de jeans y fránela de algodón rosada amenizada de pezones punzantes.
Cuando la vimos caminando por primera vez en el estacionamiento, no pensamos que fuera de éste mundo. Hablaba perfecto "sifrino" y se reía como un ángel . Sus grandes ojos verdes saltaban desde un rostro afilado de pequitas y lunares mínimos.
Mientras discutíamos donde la habíamos visto antes y cruzábamos los dedos esperando que se mudara al edificio, nos acordamos que había sido hacía unos días atrás en el edificio "Terepaima" de Santa Ines, durante una de esas tardes de domingo en que parábamos juegos de fútbol en las canchas del Santo Tomás de Aquino.
"Claro toche, ella es la hermana de Kipo, el catirito".
Una familia alemana que se había venido a Venezuela durante la década de los setenta, luego de hacer un periplo por toda suramérica y luego de que su descendientes huyeran de la alemania nazi.
En realidad eran 3 hermanos: Kipo, Alexandra y Adrianne, la mayor, de la que nunca supimos mucho, salvo que que también estaba buena y que le gustaba el rock. Por supuesto que con los años me di cuenta de que también era, inequívocamente fumona. De marihuana, claro.
Kipo. Cristhopher. Kipo y sus hermanas. O las hermanas de Kipo más bien.
Shores Sundek y The Police hasta las 10 de la noche al borde de la piscina, The Cars con patines de cuatro ruedas sobre pistas ardientes de baldosas beiges.
Iron maiden en el reproductor portátil Sanyo con casetera. Todo esto venía acompañado de muebles peruanos y residuos de la alemania de postguerra.
Los "Bock" habían ocupado el apartamento 6B de la torre I y aquello era un acontecimiento fantástico. De algún modo, brindaba esperanzas sobre nuevas aventuras juveniles, nuevos juegos y otro universo de historias y experiencias que nunca antes habíamos tenido. Aunque claro que lo mejor de todo eran sus hermanas.
En el cuarto de Kipo, habían modelos a escala de tanques Panzer alemanes, incrustados en pequeñas maquetas que imitaban las ruinas europeas durante los bombardeos. También se respiraba en su casa, la conciencia de la precariedad de quien ha vivido durante una guerra.
La madre de ellos, aplicaba severidad nórdica para lograr mantener controlados a este trío de adolescentes y constantemente estaba dando instrucciones en alemán, acerca de las labores del hogar y las responsabilidades que cada uno de los miembros de la familia debía cumplir. El padre se había ido hacía algunos años pero la señora mantenía la estabilidad del hogar a punta de regaño.
Poco a poco, empezaban a llegar más familias al conjunto de edificios. La pandilla crecía en miembros y anécdotas.
Para el año 1982 ya estábamos casi completos.
P4
Carmen Elena González
Hubo una época
en que tuve una casa
niños
y hasta un
perro
ladrando
tuve incluso
la dicha
de un pequeño jardín
con el tamaño exacto
para un cielo privado
y en él
un limonero
la vida
se hizo entonces
como un cromo:
estática,
feliz
y colorida
pero llegó la noche
de esos tiempos
porque
la astronomía, ya sabemos
es una ciencia exacta
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