La Casa azulada
Solamente tras el instante
08 octubre 2011
editorial
Las representaciones del erotismo son territorio propio de la multiplicidad. Como una aspiración a recrear lo inherente al placer –y más allá de ello, al goce—el demiurgo resignifica al mundo que le es propio y ajeno. Su cuerpo encarnado e imaginario, así como el de un otro, reaparecen con una escenografía súbita; que provoca, que asusta y seduce. Ello toma lugar en el bucle interminable de la experiencia artística que confluye a resonar con una nada masiva.
El espectador encuentra en la representación misma una faceta que le pertenece y que ilumina sus aspectos sombríos. Es la inauguración de lo indecible y lo avasallante.
Como un anhelo al estado de totalidad y de madura elaboración, ésta es una invitación a la desintegración infinita que sobreviene al goce de la entrega; momento divino y extático, así como estadio ulterior al placer.
José Antonio Parra
El espectador encuentra en la representación misma una faceta que le pertenece y que ilumina sus aspectos sombríos. Es la inauguración de lo indecible y lo avasallante.
Como un anhelo al estado de totalidad y de madura elaboración, ésta es una invitación a la desintegración infinita que sobreviene al goce de la entrega; momento divino y extático, así como estadio ulterior al placer.
José Antonio Parra
piropos*
Octavio Armand*
1
Una cicatriz blanquecina casi perfectamente circular en el labio inferior, comisura izquierda, rememoraba durante la afeitada cotidiana el costo de su militancia.
__ Es una medalla, decía.
El padre se la había colgado cuando por tercera vez lo sorprendió fumando en el traspatio. No contento como en las ocasiones anteriores con arrancarle el cigarrillo y darle un par de sopapos, en medio de arias que partían de coños carajeados hacia un impreciso infinito de notas mucho más agudas, tomó el cigarrillo, lo volteó y colocó la punta encendida en el labio, rozándolo apenas. Ahí lo sostuvo como un do de pecho hasta que el tufillo de carne chamuscada le recordó el incendio de Roma y las antorchas que a destemplados gritos alumbraban la noche pagana.
1
Una cicatriz blanquecina casi perfectamente circular en el labio inferior, comisura izquierda, rememoraba durante la afeitada cotidiana el costo de su militancia.
__ Es una medalla, decía.
El padre se la había colgado cuando por tercera vez lo sorprendió fumando en el traspatio. No contento como en las ocasiones anteriores con arrancarle el cigarrillo y darle un par de sopapos, en medio de arias que partían de coños carajeados hacia un impreciso infinito de notas mucho más agudas, tomó el cigarrillo, lo volteó y colocó la punta encendida en el labio, rozándolo apenas. Ahí lo sostuvo como un do de pecho hasta que el tufillo de carne chamuscada le recordó el incendio de Roma y las antorchas que a destemplados gritos alumbraban la noche pagana.
vis-à-vis
Andreína Guenni
Todos los hombres son buenos en la alegría y el placer, malos en la tristeza.
Ludwig Feuerbach
Hay algo místico en el erotismo. Una entidad, un olor, una sensación, un trillado “no sé qué” que permanece indescifrable. El erotismo no posee las características necesarias y requeridas para ser un concepto que pueda definirse, explicarse en diccionarios (aunque todos lo intentan sin éxito). La palabra “erotismo” huye del “es” tan decimonónico, tan arcaico, tan solemne, y prefiere la soledad. Hay algo místico en el erotismo: una conjunción perfecta entre placer y sublimación. Quizá el primero en orden sea el placer, que luego místicamente se sublima. Quizá. No lo sé con exactitud.
Entre el misticismo que lo envuelve y el “no sé” que lo invade, el erotismo permanece un enigma; pero está allí, en cualquier detalle que despierte los sentidos. Funciona, así, como verbo, pues acciona deseos, activa esperanzas, propicia encuentros, fomenta entregas. El erotismo se insinúa en descripciones que tangencialmente juegan a ser concreciones, pero su esencia no reside en ellas; su esencia da un paso más allá de la palabra misma y se encapsula en un clímax originario.
Todos los hombres son buenos en la alegría y el placer, malos en la tristeza.
Ludwig Feuerbach
Hay algo místico en el erotismo. Una entidad, un olor, una sensación, un trillado “no sé qué” que permanece indescifrable. El erotismo no posee las características necesarias y requeridas para ser un concepto que pueda definirse, explicarse en diccionarios (aunque todos lo intentan sin éxito). La palabra “erotismo” huye del “es” tan decimonónico, tan arcaico, tan solemne, y prefiere la soledad. Hay algo místico en el erotismo: una conjunción perfecta entre placer y sublimación. Quizá el primero en orden sea el placer, que luego místicamente se sublima. Quizá. No lo sé con exactitud.
Entre el misticismo que lo envuelve y el “no sé” que lo invade, el erotismo permanece un enigma; pero está allí, en cualquier detalle que despierte los sentidos. Funciona, así, como verbo, pues acciona deseos, activa esperanzas, propicia encuentros, fomenta entregas. El erotismo se insinúa en descripciones que tangencialmente juegan a ser concreciones, pero su esencia no reside en ellas; su esencia da un paso más allá de la palabra misma y se encapsula en un clímax originario.
la ventana
Lorena González
Estoy secuestrada en este campo visual. Me tienen harta. ¿Viste a Enrique?
No lo he visto, pero lo llevo conmigo.
Alguien nos teje una desventura, hay una sombra que corre tras nosotras mientras yo aprieto tu pezón y siento en sus rizos carnosos toda la leche del mundo.
Aprieta duro. Yo sostendré con fuerza este anillo. Lo llevaré por siglos. Te lo juro. Nadie podrá decirme que soy una infiel.
No lo he visto, pero lo llevo conmigo.
Alguien nos teje una desventura, hay una sombra que corre tras nosotras mientras yo aprieto tu pezón y siento en sus rizos carnosos toda la leche del mundo.
Aprieta duro. Yo sostendré con fuerza este anillo. Lo llevaré por siglos. Te lo juro. Nadie podrá decirme que soy una infiel.
la batalla de bataille y otros autores
Fedosy Santaella
1
El espejo de los días
muestra la cara
del muerto,
incompleto hasta
en su propia muerte.
Lo que no fuiste,
lo que dejaste de ser
está más vivo
que la totalidad de tus
magros refuerzos.
En algún momento
la urgencia de vida
será violenta.
Sentirse vivo
es un acto de violencia.
El espejo de los días
muestra la cara
del muerto,
incompleto hasta
en su propia muerte.
Lo que no fuiste,
lo que dejaste de ser
está más vivo
que la totalidad de tus
magros refuerzos.
En algún momento
la urgencia de vida
será violenta.
Sentirse vivo
es un acto de violencia.
confesiones en la red
Vivian Stusser
La pasión por el erotismo puede convertirse en una obsesión. Desde que unos años atrás yo había tomado ese camino de expresión literaria, no era la primera vez que el afán por encontrar una buena historia me hacía sobrepasar los límites, no solo de lo ético, sino incluso de lo humanamente decente.
Me gusta considerarla una deformación profesional, aunque soy consciente de cuánto morbo hay oculto en esa necesidad compulsiva de escuchar experiencias íntimas ajenas. Y ese día comprendí cuan perversa podía llegar a ser bajo el influjo de mi enfermiza curiosidad.
La pasión por el erotismo puede convertirse en una obsesión. Desde que unos años atrás yo había tomado ese camino de expresión literaria, no era la primera vez que el afán por encontrar una buena historia me hacía sobrepasar los límites, no solo de lo ético, sino incluso de lo humanamente decente.
Me gusta considerarla una deformación profesional, aunque soy consciente de cuánto morbo hay oculto en esa necesidad compulsiva de escuchar experiencias íntimas ajenas. Y ese día comprendí cuan perversa podía llegar a ser bajo el influjo de mi enfermiza curiosidad.
el amor loco como contrapartida a las economías del deseo*
Carmen Hernández
En El infarto del alma (Diamela Eltit y Paz Errázuriz. 1994. Santiago de Chile: Francisco Zegers Editor), las autoras redimensionan la poética del amor a la enfermedad como una postura romántica y contradiscursiva hacia las economías del deseo: «El amor cae sobre la tuberculosis con la avidez del rapaz sobre el dinero para construir una inestable economía afectiva centrada en la intensidad. Esa profunda intensidad entrelazada sabiamente con el sufrimiento para instaurar la incertidumbre de la causa de muerte».
En El infarto del alma (Diamela Eltit y Paz Errázuriz. 1994. Santiago de Chile: Francisco Zegers Editor), las autoras redimensionan la poética del amor a la enfermedad como una postura romántica y contradiscursiva hacia las economías del deseo: «El amor cae sobre la tuberculosis con la avidez del rapaz sobre el dinero para construir una inestable economía afectiva centrada en la intensidad. Esa profunda intensidad entrelazada sabiamente con el sufrimiento para instaurar la incertidumbre de la causa de muerte».
en septiembre
Valentina Saa
I.
Con la noche húmeda y el angosto camino de cemento agrietado y brillante por la lluvia caída, apenas iluminado por algún faro remanente, los pasos de Juan Diego avanzaban salpicando sus zapatos, el ruedo del pantalón. El canto de los sapitos y grillos retumbaban en la negrura de lo que alguna vez pudo ser un jardín.
Se sentó en el borde de la acera, no le importó que estuviera mojada. Enterró su rostro entre las manos y soltó un llanto desesperado, ahogado, dolido, un llanto que parecía venirle de un lugar tan íntimo que ni él mismo sabía que poseía ese espacio en su ser.
Lloró, lloró mucho y nada ni nadie le interrumpió, porque nada ni nadie pasó o se acercó al lugar.
Una brisa fresca, que traía pequeña gotas de los árboles, lo envolvió, pero no pareció darse cuenta o no le importó. Seguía llorando, con la cara estampada en la palma de sus manos. Todo hasta que, una voz, se mezcló con su llanto y con el coro de sapitos y grillos.
Juan Diego…
El hombre, con la cara abotargada, levantó el rostro, lentamente y dejó de gemir, de sus ojos no dejaron de salir lágrimas ni de su pecho una respiración entrecortada.
Vine en cuanto lo supe.
Juan Diego no pudo hablar. Rompió en llanto sonoro de nuevo, mientras el hombre, que más parecía la sombra de algo que de un ser humano, dio dos pasos hacia delante. Metió sus manos en la chaqueta negra que traía, hizo silencio por un rato, hasta que habló.
Vete a tu casa. Lo que pasó no lo vas a resolver con estar en este lugar. No tienes público a quien darle lástima. Deja eso para otro momento.
Juan Diego se levantó y salió corriendo del lugar donde estaba, un sitio muy cercano a la fachada de la morgue de la policía científica.
El hombre, que parecía una sombra alargada, lo vio alejarse. También se fue.
I.
Con la noche húmeda y el angosto camino de cemento agrietado y brillante por la lluvia caída, apenas iluminado por algún faro remanente, los pasos de Juan Diego avanzaban salpicando sus zapatos, el ruedo del pantalón. El canto de los sapitos y grillos retumbaban en la negrura de lo que alguna vez pudo ser un jardín.
Se sentó en el borde de la acera, no le importó que estuviera mojada. Enterró su rostro entre las manos y soltó un llanto desesperado, ahogado, dolido, un llanto que parecía venirle de un lugar tan íntimo que ni él mismo sabía que poseía ese espacio en su ser.
Lloró, lloró mucho y nada ni nadie le interrumpió, porque nada ni nadie pasó o se acercó al lugar.
Una brisa fresca, que traía pequeña gotas de los árboles, lo envolvió, pero no pareció darse cuenta o no le importó. Seguía llorando, con la cara estampada en la palma de sus manos. Todo hasta que, una voz, se mezcló con su llanto y con el coro de sapitos y grillos.
Juan Diego…
El hombre, con la cara abotargada, levantó el rostro, lentamente y dejó de gemir, de sus ojos no dejaron de salir lágrimas ni de su pecho una respiración entrecortada.
Vine en cuanto lo supe.
Juan Diego no pudo hablar. Rompió en llanto sonoro de nuevo, mientras el hombre, que más parecía la sombra de algo que de un ser humano, dio dos pasos hacia delante. Metió sus manos en la chaqueta negra que traía, hizo silencio por un rato, hasta que habló.
Vete a tu casa. Lo que pasó no lo vas a resolver con estar en este lugar. No tienes público a quien darle lástima. Deja eso para otro momento.
Juan Diego se levantó y salió corriendo del lugar donde estaba, un sitio muy cercano a la fachada de la morgue de la policía científica.
El hombre, que parecía una sombra alargada, lo vio alejarse. También se fue.
dicha la dádiva
Claudia Sierich
Entorno, como con/jugar en serio
eros donde eras eros
era con era eones
éramos
Entorno, como con/jugar en serio
eros donde eras eros
era con era eones
éramos
chat erótico
Rebeca Blackwell & Lala Canel
Chat erótico caracas-lima, del baño a la cocina en calzones, que es lo mismo que en pantaletas entre las Dras. Inédita Gramática González y Lala Canel del Centro de rehabilitación para mujeres perfectas
Gramática (un poco harta y aletargada): ¡Lala, mujer!
Canel (sentada en el cuarto con una camisa de mariposas amarillas atestada de senos hinchados de menstruación. Despeinada su cabeza, siempre está despeinada): ¡Inédita!
Gramática (harta todavía, de mal humor): Lala, dime una cosa, ¿tú sabes lo que es el erotismo?
Canel (se puso cursi para Erótica Galáctica, digo, para Inédita Gramática): Claro, es como un río de energía sensual que corre debajo de la vida misma, algo así
Gramática (con una ceja muy en alto y sonrisita de sarcasmo): ¿Río? ¿Debajo? ¿Estás segura que no es un charco que embarra la vida y te ahoga un poco, más bien? Detesto cuando el agua te moja los pies y sabes que hay como 6 personas más metidas en el mismo charquito, no sabes el asco... Y ahora que has dicho río y mencionado esa idea de que corra por debajo, he comenzado a sentir pavor, al menos algo me ha puesto a sudar.
Chat erótico caracas-lima, del baño a la cocina en calzones, que es lo mismo que en pantaletas entre las Dras. Inédita Gramática González y Lala Canel del Centro de rehabilitación para mujeres perfectas
Gramática (un poco harta y aletargada): ¡Lala, mujer!
Canel (sentada en el cuarto con una camisa de mariposas amarillas atestada de senos hinchados de menstruación. Despeinada su cabeza, siempre está despeinada): ¡Inédita!
Gramática (harta todavía, de mal humor): Lala, dime una cosa, ¿tú sabes lo que es el erotismo?
Canel (se puso cursi para Erótica Galáctica, digo, para Inédita Gramática): Claro, es como un río de energía sensual que corre debajo de la vida misma, algo así
Gramática (con una ceja muy en alto y sonrisita de sarcasmo): ¿Río? ¿Debajo? ¿Estás segura que no es un charco que embarra la vida y te ahoga un poco, más bien? Detesto cuando el agua te moja los pies y sabes que hay como 6 personas más metidas en el mismo charquito, no sabes el asco... Y ahora que has dicho río y mencionado esa idea de que corra por debajo, he comenzado a sentir pavor, al menos algo me ha puesto a sudar.
mantis
Georgina Ramírez
Se abre la pierna para fracturar el mundo
Y los labios
que en vano intentan desviarse
se enredan
Un caudal en ráfaga
hace estragos en la boca
los olores arañan
la lengua devora todo resto
cae rendida ante el follaje
perece
Hay presas que merecen ser mordidas
Georgina Ramírez, Caracas Venezuela, 1972
Licenciada en Trabajo Social especialista en Dinámica de grupo
Creadora y directora de la A.C. LA PARADA POÉTICA
Co-autora de la antología poética El Ojo Errante y de la antología poética La Mujer Rota
Autora de Piel de Durazno (plaquete de poesía)
Administradora de los blogs: poesía-en-georgia.blogspot.com y laparadapoetica.blogspot.com
Se abre la pierna para fracturar el mundo
Y los labios
que en vano intentan desviarse
se enredan
Un caudal en ráfaga
hace estragos en la boca
los olores arañan
la lengua devora todo resto
cae rendida ante el follaje
perece
Hay presas que merecen ser mordidas
Georgina Ramírez, Caracas Venezuela, 1972
Licenciada en Trabajo Social especialista en Dinámica de grupo
Creadora y directora de la A.C. LA PARADA POÉTICA
Co-autora de la antología poética El Ojo Errante y de la antología poética La Mujer Rota
Autora de Piel de Durazno (plaquete de poesía)
Administradora de los blogs: poesía-en-georgia.blogspot.com y laparadapoetica.blogspot.com
sed
Carolina Muñoz
Carolina Muñoz (1966, Judibana, Falcón) Fotógrafo, diseñadora y aficionada a no seguir al pie de la letra recetas de cocina. Estudió diseño gráfico en Parsons School of Design en Nueva York, y disfrutó toda la década de los años ´80 pateando toneladas de cemento, bailando música de Madonna, usando hombreras pavosas y tomando la linea F del subway. Luego de un periplo domiciliario que incluyó Caracas, Bogotá y Nueva York, regresa por segunda vez a Caracas en 1998, para comenzar lo que ella denomina sus años de resistencia. Sus estudios de fotografía en la ONG junto a Nelson Garrido la encauzaron finalmente a lanzarse al vacío y dejar la comodidad de su trabajo como directora de arte en publicidad. Desde 2006 trabaja como retratista y fotógrafo publicitario, sus imágenes ayudan a impulsar la compra de productos alimenticios, servicios bancarios, joyas y zapatos, entre otros.
Como contraste, enfoca sus ansiedades existenciales con proyectos autorales que incluyen: series fotográficas que abordan los temas del deterioro social y la Harina P.A.N. como ícono cultural (serie Naturalezas Muertas), el deslave de Vargas (serie 15/12/99 – In Memoriam) y el uso ideológico del color rojo en Venezuela (serie Mío). Con éste último trabajo, 25 fotos de sus objetos personales, todos de color rojo, diseñó y produjo de manera independiente un libro-objeto y lo expuso en la X Feria de Libros de Fotos de Autor en Buenos Aires.
Carolina Muñoz (1966, Judibana, Falcón) Fotógrafo, diseñadora y aficionada a no seguir al pie de la letra recetas de cocina. Estudió diseño gráfico en Parsons School of Design en Nueva York, y disfrutó toda la década de los años ´80 pateando toneladas de cemento, bailando música de Madonna, usando hombreras pavosas y tomando la linea F del subway. Luego de un periplo domiciliario que incluyó Caracas, Bogotá y Nueva York, regresa por segunda vez a Caracas en 1998, para comenzar lo que ella denomina sus años de resistencia. Sus estudios de fotografía en la ONG junto a Nelson Garrido la encauzaron finalmente a lanzarse al vacío y dejar la comodidad de su trabajo como directora de arte en publicidad. Desde 2006 trabaja como retratista y fotógrafo publicitario, sus imágenes ayudan a impulsar la compra de productos alimenticios, servicios bancarios, joyas y zapatos, entre otros. Como contraste, enfoca sus ansiedades existenciales con proyectos autorales que incluyen: series fotográficas que abordan los temas del deterioro social y la Harina P.A.N. como ícono cultural (serie Naturalezas Muertas), el deslave de Vargas (serie 15/12/99 – In Memoriam) y el uso ideológico del color rojo en Venezuela (serie Mío). Con éste último trabajo, 25 fotos de sus objetos personales, todos de color rojo, diseñó y produjo de manera independiente un libro-objeto y lo expuso en la X Feria de Libros de Fotos de Autor en Buenos Aires.
performance
Clemencia Labin
Clemencia Labin nace en 1946 en la ciudad de Maracaibo, Venezuela. Cursa estudios de 1970 a 1974 en la Universidad de Columbia de Nueva York, donde obtiene el Bachelor of Arts (B.A.) y el Master in Business Administration (M.B.A.) . En 1975 se casa por segunda vez y se traslada a Alemania, donde vive en Frankfurt hasta 1980, cuando se muda con su familia a la ciudad de Hamburgo. Allí cursa estudios en la Academia de Arte de Hamburgo de 1984 a 1990 con los profesores Kai Sudeck, Franz Erhard Walther y Sigmar Polke. Hoy en día reside en Hamburgo, pero su trabajo artístico no tiene fronteras y fluctúa entre los dos continentes. Desde 2001, creadora y motor del encuentro de arte internacional Velada Santa Lucia.
alice
Ram Martínez
Nacido en Barquisimeto, Venezuela en el año 1979, Ram se gradúa de publicista y trabaja como creativo y diseñador gráfico para varias agencias y revistas venezolanas, produce programas de radio y televisión. Posteriormente, decide dedicarse totalmente a la fotografía de forma autodidacta y realiza sus primeros trabajos documentales para publicaciones editoriales participando en diversas exposiciones colectivas en museos y salones a nivel nacional. Luego, incursiona en un estilo de fotografía más personal, en la que predominan los contrastes y un enfoque que tiende a alejarse de los parámetros convencionales de la fotografía venezolana. Viaja a Madrid y Buenos Aires y hace sesiones fotográficas para revistas y agencias de publicidad. Después regresa a Venezuela, donde trabaja para marcas como Pepsi, Gatorade, Nabisco, Energizer, Motorola, Movistar, McCormick, entre otras. Ha obtenido diferentes reconocimientos entre los que se destaca un premio ANDA y el primer lugar en el 3er Concurso de Fotografía de Moda Venezolana de la revista BLITZ.
Sus fotografías han aparecido en portadas y editoriales de diferentes revistas venezolanas tales como Ocean Drive, Etiqueta, Casta, OC Magazine, ON TIME, Velvet, Arenas Magazine, Matiz, Extracámara, BOND, CLUB Magazine, etc.
Actualmente vive en Caracas donde desarrolla proyectos fotográficos y creativos tanto a nivel personal como para editoriales de moda y agencias de publicidad.
Para Observar sus trabajos mas recientes ingresa a www.ramfotografia.com
Sus fotografías han aparecido en portadas y editoriales de diferentes revistas venezolanas tales como Ocean Drive, Etiqueta, Casta, OC Magazine, ON TIME, Velvet, Arenas Magazine, Matiz, Extracámara, BOND, CLUB Magazine, etc.
Actualmente vive en Caracas donde desarrolla proyectos fotográficos y creativos tanto a nivel personal como para editoriales de moda y agencias de publicidad.
Para Observar sus trabajos mas recientes ingresa a www.ramfotografia.com
línea
Sofía Simón & Orlando Lomeli

Orlando Lomelí. 1980. Guadalajara, México. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (ITESO), con varios años de experiencia en producción audiovisual como fotógrafo, cámara y editor, en 2009 se muda a Madrid, desde donde observa el mundo actualmente, en busca de un lenguaje personal para hablar y comentar sobre la realidad y la experiencia humana a través de la fotografía, el cine y el video.
Una línea que aparece a tus pies, sube hábilmente por tus tobillos, dibujando sobre la tersa piel tus pantorrillas, entonces gira, y sube, acariciando firmemente la parte interna de tus muslos se pierde bajo la sombra de esa falda gris , buscar ese trazo perdido. Bocetos, aromas dulces, una risa que revienta de la nada, un poco de música, tu respiración marca el ritmo mientras busco mi cámara y ahí está, de nuevo, sobre tu pecho, esa linea que recorre tu cuerpo, ahí está justo por encima de tus pezones, tapándolos, guardándolos, acariciándolos, dibujando espirales, y tú respiras, y suspiras, no es mas que mi deseo intentando moverte, despertarte, acariciarte a la distancia, click!, sigo hacia arriba, dejo tus tetas, subiendo y bajando, subiendo, vibrante, puedo ver el pulso en las venas que recorren tu cuello, y sigo hacia arriba, hacia atrás, lentamente, justo por debajo de tu oido, la sangre empieza a hervir y tú tan tranquila, pierdo la linea ahí donde nace el cabello, vuelvo hacia tus labios justo a tiempo para ver como se curvan sutilmente y yo, intruso, me acerco. click! Puedo sentir tu repiración en mi rostro, la línea de tu cuerpo curvado, inhalas, película fotosensible, exhalas, un gemido perdido, los poros que sudan, click!. Danza suspendida en el tiempo, abrázame con tus piernas, click!, amarrame con la mirada, una imágen que lo diga todo, click!, tú...
Sofia Simon Sasyk. Caracas 1990. Cromófila. Su obra no sólo gira en torno al color, es color. En todas sus creaciones siempre ha comenzado por definir una paleta de colores y a partir de ahí conseguir los medios que sean sus portadores. Pintura a los 10, a los 14 el vestuario y dirección de arte en teatro, a los 15 la foto, a los 19 termina un Master de Concepto y Creación con la fotografía como pretexto. Actualmente reside en Madrid, donde continúa explorando el mundo del color.

Orlando Lomelí. 1980. Guadalajara, México. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (ITESO), con varios años de experiencia en producción audiovisual como fotógrafo, cámara y editor, en 2009 se muda a Madrid, desde donde observa el mundo actualmente, en busca de un lenguaje personal para hablar y comentar sobre la realidad y la experiencia humana a través de la fotografía, el cine y el video.
erotismo puro
Mariela Casal
“Tu suerte infundía el pesar de una ilusión anulada, de una felicidad escapada y distante.”
(Vestigio. José Antonio Ramos Sucre)
Chacachacare, agosto
fueron largas vacaciones como largas las horas exhaustas de silencio
los cuatro a mi mando bordeaban los quince, preciosos y crueles
yo era un punto ciego en el andén del mar
lamìa la orilla el canto feroz de las piedras
la nostalgia flotaba como algas fluorescentes
adornando los cuerpos de mi pasado atroz
el sol tronaba la psicodelia de una arena sin huellas
la pared estaba en mí,
con la pesada sangre abandonada al vacío de una terredad hierática
mientras, como gaviotas
los cuatro púberes flotaban el horizonte azul
ingrávidos, se cargaban
se abrazaban ellos
entre las olas tímidas entonces
los cuatro, como puntos cardinales en sus dedos
iban descubriendo la selva del origen
fueron días largos como mis pechos a estallar de mármol
y las noches, como jardines de una estación innominada
me aguardaba, desolada y pura,
en el renacer
de un pretérito erotismo
Nace en Caracas el 14 de enero de 1967
Su taller Casa Solariega, se encuentra en Turgua, localidad olvidada de los altos Mirandinos
Poeta por destino. Se expresa a través de lenguajes múltiples:
(Poesía-Instalación, Ritual-Performance, Canto-Composición, Video-Poesía, Plástica-Caligráfica, Educación-Experimental…)
Nunca ha enviado sus poemas a concursos.
Su obra muestra una intensa y diversa trayectoria. Ha publicado y expuesto como Poesía-Instalación: La Fosa, Almácigo, De-lirio, Curare-Curaré-Cantaré, Hotel.
En lo que va de este año 2011 ha presentado: su Video-Poesía Entrevista a Clemencia Labin, el cual integra actualmente la propuesta de la citada artista en la Bienal de Venezia. su flor de papel periódico ó Flor del DIA-RIO fue la imagen de la feria del libro de Sucre, tras múltiples talleres con los niños de Petare y promotores culturales. Igualmente presentó, en el contexto de la Feria del Libro, Plaza Altamira, su performance Golpe de Luz, homenaje al admirado artista Armando Reverón. POEMA a cuatro manos, es el video-performance que presentó en Corp-Banca, con música de Alejandro Blanco-Uribe.
“Tu suerte infundía el pesar de una ilusión anulada, de una felicidad escapada y distante.”
(Vestigio. José Antonio Ramos Sucre)
Chacachacare, agosto
fueron largas vacaciones como largas las horas exhaustas de silencio
los cuatro a mi mando bordeaban los quince, preciosos y crueles
yo era un punto ciego en el andén del mar
lamìa la orilla el canto feroz de las piedras
la nostalgia flotaba como algas fluorescentes
adornando los cuerpos de mi pasado atroz
el sol tronaba la psicodelia de una arena sin huellas
la pared estaba en mí,
con la pesada sangre abandonada al vacío de una terredad hierática
mientras, como gaviotas
los cuatro púberes flotaban el horizonte azul
ingrávidos, se cargaban
se abrazaban ellos
entre las olas tímidas entonces
los cuatro, como puntos cardinales en sus dedos
iban descubriendo la selva del origen
fueron días largos como mis pechos a estallar de mármol
y las noches, como jardines de una estación innominada
me aguardaba, desolada y pura,
en el renacer
de un pretérito erotismo
Nace en Caracas el 14 de enero de 1967
Su taller Casa Solariega, se encuentra en Turgua, localidad olvidada de los altos Mirandinos
Poeta por destino. Se expresa a través de lenguajes múltiples:
(Poesía-Instalación, Ritual-Performance, Canto-Composición, Video-Poesía, Plástica-Caligráfica, Educación-Experimental…)
Nunca ha enviado sus poemas a concursos.
Su obra muestra una intensa y diversa trayectoria. Ha publicado y expuesto como Poesía-Instalación: La Fosa, Almácigo, De-lirio, Curare-Curaré-Cantaré, Hotel.
En lo que va de este año 2011 ha presentado: su Video-Poesía Entrevista a Clemencia Labin, el cual integra actualmente la propuesta de la citada artista en la Bienal de Venezia. su flor de papel periódico ó Flor del DIA-RIO fue la imagen de la feria del libro de Sucre, tras múltiples talleres con los niños de Petare y promotores culturales. Igualmente presentó, en el contexto de la Feria del Libro, Plaza Altamira, su performance Golpe de Luz, homenaje al admirado artista Armando Reverón. POEMA a cuatro manos, es el video-performance que presentó en Corp-Banca, con música de Alejandro Blanco-Uribe.
domadora
Deborah Castillo
Deborah Castillo. Artista de medios mixtos. Reside y trabaja en Caracas. Realizó el curso “Fotografía Experimental” en el Taller Escuela ONG de la Organización Nelson Garrido. Obtiene su Licenciatura en Artes Plásticas, en la Mención Medios Mixtos, en el “Instituto Universitario de Estudios Superiores en Artes Plásticas Armando Reverón”, Caracas. Se ha desempeñado como asistente de producción de la artista Mona Hatoum en la Sala Mendoza,Caracas.Ha participado en diferentes charlas sobre su obra y arte contemporaneo en instituciones como el “Centro de Estudios Latinoamericanos, CELARG”,en Caracas;el Espacio Caja Sol, en Sevilla y en “Wimbledon College of Art” Londres. Su obra ha sido pubicada en las siguientes revistas: “El Pulgar” # 21; “Extra Camara” #25, y “Lapiz.Revista Internacional de Arte” #216; Revista “Complot edición 13 aniversario” entre otras pubilcaciones.
Deborah Castillo. Artista de medios mixtos. Reside y trabaja en Caracas. Realizó el curso “Fotografía Experimental” en el Taller Escuela ONG de la Organización Nelson Garrido. Obtiene su Licenciatura en Artes Plásticas, en la Mención Medios Mixtos, en el “Instituto Universitario de Estudios Superiores en Artes Plásticas Armando Reverón”, Caracas. Se ha desempeñado como asistente de producción de la artista Mona Hatoum en la Sala Mendoza,Caracas.Ha participado en diferentes charlas sobre su obra y arte contemporaneo en instituciones como el “Centro de Estudios Latinoamericanos, CELARG”,en Caracas;el Espacio Caja Sol, en Sevilla y en “Wimbledon College of Art” Londres. Su obra ha sido pubicada en las siguientes revistas: “El Pulgar” # 21; “Extra Camara” #25, y “Lapiz.Revista Internacional de Arte” #216; Revista “Complot edición 13 aniversario” entre otras pubilcaciones.
escenarios
Jesús Micó.
Hwang es la profesora de coreano de Jose. Es una mujer muy peculiar, con la actitud estricta que se observa en el mundo zen pero con un nivel de vida muy elevado. Una paradójica mezcla –aunque, pensándolo bien, quizás no tanto-.
Duerme muchísimo -a las 20’00 horas ya ha cenado y se levanta a las 5 de la mañana-. A las 13’00 horas ya ha almorzado y se acuesta hasta las 16’00. A las 17’00 comienza sus clases. Es una excelente profesora.
Hwang es la profesora de coreano de Jose. Es una mujer muy peculiar, con la actitud estricta que se observa en el mundo zen pero con un nivel de vida muy elevado. Una paradójica mezcla –aunque, pensándolo bien, quizás no tanto-.
Duerme muchísimo -a las 20’00 horas ya ha cenado y se levanta a las 5 de la mañana-. A las 13’00 horas ya ha almorzado y se acuesta hasta las 16’00. A las 17’00 comienza sus clases. Es una excelente profesora.
erotismo
Ani Villanueva
Una trama de hilos invisibles, que si por alguna casualidad nos rozan la piel, nos dispersan al infinito; haciéndonos sentir pulverizados e integrados a la energía del universo. Estos invalorables momentos son regalos de los dioses, provienen del reino de lo sublime. Los estímulos que pueden conducir a este viaje a lo divino forman parte de la cotidianeidad de nuestra especie: la temperatura, un sonido, una mirada, una caricia, un recuerdo, una reflexión, un movimiento, una imagen, un texto escrito o hablado., un aroma, un paisaje ,un elemento cónsono, la música, la poesía, un trazo, un color, un espacio vacío, una confabulación inesperada.
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| Julio Vengoechea |
Una trama de hilos invisibles, que si por alguna casualidad nos rozan la piel, nos dispersan al infinito; haciéndonos sentir pulverizados e integrados a la energía del universo. Estos invalorables momentos son regalos de los dioses, provienen del reino de lo sublime. Los estímulos que pueden conducir a este viaje a lo divino forman parte de la cotidianeidad de nuestra especie: la temperatura, un sonido, una mirada, una caricia, un recuerdo, una reflexión, un movimiento, una imagen, un texto escrito o hablado., un aroma, un paisaje ,un elemento cónsono, la música, la poesía, un trazo, un color, un espacio vacío, una confabulación inesperada.
cupid toy heroes
Dario Krakower
Dario Krakower. Caracas 22 de marzo. Actualmente vive en Miami, Florida, donde estudia fotografía, también estudió en el Art Institutes Intl. Minnesota, IFAC. Sus proyectos siempre son coloridos y con una sensación infantil, para hablar de todo lo contrario. Se inspira en comiquitas como
La Vida Moderna de Rocko y eventos nocturnos del estilo fiestas de fetiche.
Su frase favorita: 'Oh darling, half the fun of eating meat is hacking it up!" - James St.
Dario Krakower. Caracas 22 de marzo. Actualmente vive en Miami, Florida, donde estudia fotografía, también estudió en el Art Institutes Intl. Minnesota, IFAC. Sus proyectos siempre son coloridos y con una sensación infantil, para hablar de todo lo contrario. Se inspira en comiquitas como
La Vida Moderna de Rocko y eventos nocturnos del estilo fiestas de fetiche.
Su frase favorita: 'Oh darling, half the fun of eating meat is hacking it up!" - James St.
sin título
Ionee Waterhouse
Ionee Waterhouse, venezolana, 26 años, su video arte es erótico y mediático, caracterizado por el video collage, instalaciones, performance y visuales en vivo, siempre coqueteando con lo que supuestamente no se puede mostrar. Lo trata de vivir la vida bajo las premisas que ¨el tiempo es arte¨ y ¨los símbolos son mas que las cosas mismas¨. Estudió Cine en UCLA, Los Angeles, California y actualmente es estudiante de estudios internacionales en la Universidad Central de Venezuela. Ha participado en diversos festivales a nivel mundial, su obra se ha expuesto en el Andy Warhool Museum y en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, Venezuela y en diversas salas de exposición privadas en México, entre otras.
lugares íntimos
Mali Larralde
Mali Larralde nace en 1972 en Grenoble, Francia. A los tres años regresa a Caracas. De 1998 a 2000 estudia Escritura Creativa en New School University en Nueva York.En 2004 regresa a Caracas donde inicia estudios de fotografía en el Taller de Roberto Mata.De 2005 a 2008 estudia fotografía en la Organización Nelson Garrido, y de 2007 a 2008 estudia paralelamente fotografía con Rodrigo Benavides.En 2008 desarrolla la obra "La Guitarra" la cual fue expuesta en la colectiva “PorFiar” de la ONG. En agosto de ese mismo año participa en la exposición colectiva “Click!” En el Hotel Paseo las Mercedes donde su obra Mi Tambor de Hojalata es escogida como obra permanente de la colección del hotel. En octubre del mismo año expone en “COLECTIVO1” en La Torre La Previsora y es parte del 33 Salón Nacional de Arte Aragua.En 2010 participa en la exposición Art Rap Foundation en Aruba y en la exposición colectiva “Punctum” en Caracas.En enero de 2011 participa junto con otros artistas en una exposicion de obras escogidas como parte de la coleccion del Hotel Paseo las Mercedes.En junio de 2011 presenta seis de sus trabajos fotográficos en ese mismo Salón en la exposición díptica “FRACTURED”.
En octubre del mismo año participa en el 36 Salón de Arte Aragua.
Mali Larralde nace en 1972 en Grenoble, Francia. A los tres años regresa a Caracas. De 1998 a 2000 estudia Escritura Creativa en New School University en Nueva York.En 2004 regresa a Caracas donde inicia estudios de fotografía en el Taller de Roberto Mata.De 2005 a 2008 estudia fotografía en la Organización Nelson Garrido, y de 2007 a 2008 estudia paralelamente fotografía con Rodrigo Benavides.En 2008 desarrolla la obra "La Guitarra" la cual fue expuesta en la colectiva “PorFiar” de la ONG. En agosto de ese mismo año participa en la exposición colectiva “Click!” En el Hotel Paseo las Mercedes donde su obra Mi Tambor de Hojalata es escogida como obra permanente de la colección del hotel. En octubre del mismo año expone en “COLECTIVO1” en La Torre La Previsora y es parte del 33 Salón Nacional de Arte Aragua.En 2010 participa en la exposición Art Rap Foundation en Aruba y en la exposición colectiva “Punctum” en Caracas.En enero de 2011 participa junto con otros artistas en una exposicion de obras escogidas como parte de la coleccion del Hotel Paseo las Mercedes.En junio de 2011 presenta seis de sus trabajos fotográficos en ese mismo Salón en la exposición díptica “FRACTURED”.
En octubre del mismo año participa en el 36 Salón de Arte Aragua.
el erotismo del ping pong*
Aymara Arreaza
El erotismo es una pelotita que va y viene. Uno de este lado de la mesa le da para que otro le replique, le devuelva. Si tú le das, yo le doy.
Va y viene, movimiento simultáneo de caderas, de miradas. Elíptico vuelo del objeto del deseo. El erotismo es un seguimiento. Exige la espera de una reacción: hacia la derecha, por la izquierda, en el medio: pícala, pícala, pícala.
Ahí! Ahí!
Un aviso
Un coqueteo
Una insinuación
Un condicional:
Si tú le das, yo le doy
Seduce la pelotita, toca, se deja ver, desaparece y vuelve a tocar
La repetición excita: hace ping, pong pong pong
Si tú le das, yo le doy, unda run deiro
Hay fuego, hay un chicharroncito, también hay deseo, cuánto deseo:
Dale con tó
El corazón late, está pegao del fondo como concón
Pura posesión que espera una bolita, una caricia, una devolución
Ping pong en la mirada que sigue la bolita, esa que viene y que anuncia la continuación del juego
Si tú le das, jugamos ping pong pong
Sin ti no hay suá, shuá, plash, ping ping ping pong
El erotismo es una pelotita que va y viene. Uno de este lado de la mesa le da para que otro le replique, le devuelva. Si tú le das, yo le doy.
Va y viene, movimiento simultáneo de caderas, de miradas. Elíptico vuelo del objeto del deseo. El erotismo es un seguimiento. Exige la espera de una reacción: hacia la derecha, por la izquierda, en el medio: pícala, pícala, pícala.
Ahí! Ahí!
Un aviso
Un coqueteo
Una insinuación
Un condicional:
Si tú le das, yo le doy
Seduce la pelotita, toca, se deja ver, desaparece y vuelve a tocar
La repetición excita: hace ping, pong pong pong
Si tú le das, yo le doy, unda run deiro
Hay fuego, hay un chicharroncito, también hay deseo, cuánto deseo:
Dale con tó
El corazón late, está pegao del fondo como concón
Pura posesión que espera una bolita, una caricia, una devolución
Ping pong en la mirada que sigue la bolita, esa que viene y que anuncia la continuación del juego
Si tú le das, jugamos ping pong pong
Sin ti no hay suá, shuá, plash, ping ping ping pong
de camino a
Aitor Olavarria
De tener quince años y andar sexualmente confundido – o al menos es lo que te gusta repetirte – y recordar como cuando niño describías a los hombres desnudos dentro de los vestidores del Sport Center esperando cual conciliábulo erótico y de líneas griegas que surcaban sus cuerpos, un espacio en las duchas; a tus compañeros de clases cuando aún no contabas con vellos en el pubis o sabías lo que el pubis era, o que pensabas que tener una erección en público era como tener la piel de gallina. Aprendiste siendo muy niño por vez primera luego de ver sus rostros que debías saber callar. De tener quince años y ver infinidad de hombres extraños, gordos y flacos, hermosos y grotescos, de penes grandes o delgados, circuncisos o negros; masturbarse frente a ti a través de la cámara, y mostrarte complaciente con tu cuerpo delgadísimo y hacerles entender que toda esa lozanía imberbe de piel que deja ver los huesos, vellos regados y pies delicados podían ser suyas esa noche. De tener quince años y que se te insinuara aquel chico once años mayor que vivía por tu calle y hoy día te preguntes cómo sería tu vida si le hubieses abierto la puerta esa vez. De llorar en las barras de Zenón mientras te buscaban polvo para contrarrestar lo que aún te mientes diciendo que eran los tragos extremadamente pinchados, en medio de aquellos con los que andabas las noches y competían por cuántas felaciones realizarían antes del alba y que hoy día no vivirían sin sus retrovirales. De arrastrarte por el piso del estacionamiento de Paseo Las Mercedes a escasas cuadras de donde estaba tu colegio. De huir del gocho piedrero que quería cogerte, y no de la mano, y que te dio esa combinación de punto rojo y piedra en un gotero la noche anterior.
De todo aquel silencio y negación con un cuerpo indispuesto a tener el látigo en una mano – una correa en su defecto – las cuerdas amarrando al hombre desnudo dos veces tu tamaño a una silla tailandesa de la que celosamente se enorgullecen tus padres, muy cara, a la que le arrancaste el asiento y que se baña del líquido preseminal de tu amante a medida que le azotas. Escuchando el sonido del cuero escociendo la piel, ese ruido seco como el de los niños maltratando sus palmas cuando aún aprenden a aplaudir; y el gemido y llanto de él atado a las patas de la silla, incapaz de moverse, quejándose porque las manos se le duermen y la cuerda le quema la piel. A llevarle el cuero a la boca y hacer que lo bese y diga que lo desea. Azotarlo hasta que se maree y luego soltarle sólo una mano ya dormida para que pueda masturbarse y brote de su cuerpo el néctar del placer líquido tan diferente al que añejas en tus entrañas, cuando demoras semanas el onanismo hasta que los meados salen espesos de la uretra y sientes burbujas en tus vesículas, y te decides a desentrañarlo de su prisión de placer en ese sueño que tienes incumplido – como tantas otras “perversiones” –, de acabar sobre el rostro a un hombre hermoso vertiéndole lo que antes era semen y ahora son pelotitas viscosas que hieden a pescado, pelotitas amarillentas que danzan en un líquido espeso casi sangriento y que parecen huevecillos de pez, y que él disfrute de ellos como el caviar que acaba de manar de ti. Que lo saboree lenta y con altísimo placer disfrutando de algún raro delicatessen que acaba de conocer, escaso y sumamente caro.
Sueños de mazmorras bañadas de luz y con olor a vapor de sudor que se acumula en tu cuerpo.
De ahí a la realidad del que relata rozando su erección a medida que teclea las palabras que son recuerdos, recuerdos de sumergirlo atado en la bañera y bastinarle los pies con un cuero delgado y mojado por salir a respirar. Soltarle las amarras y patearle los testículos y llenárselos de pinzas, obligarlo a masturbarse mientras te suplica, lo mejor que puede con el mouth gag puesto, que por favor le dejes quitarse las pinzas, babeándose y sollozando hasta que no puede contener el reflejo de arcadas y piensas al ver las lágrimas en sus ojos que jamás se ha visto tan hermoso.
Del silencio aprendido que causó tu imprudente deterioro mental y de la soledad de tener quince años, a estar abrazados mientras transcurre la noche oliendo su piel hirviendo que te da paz. Sintiendo sus besos por tu rostro y su pesada respiración que estremece todo su cuerpo. Contando las palpitaciones de su corazón que golpea contra tu pecho y pensando entre sentimientos de plenitud y cariños antes de caer en el desmayo noctámbulo de dónde viniste al sitio que has llegado llamado felicidad.
Aitor Olavarría (Caracas, 1986) Todero a fuerza de sobrevivir. Licenciado en Artes mención cinematografía de la Universidad Central de Venezuela por profesión. Escritor autoproclamado por necesidad. De todos los adjetivos que pudiesen describirlo el más acertado sería cambiante, aunque él prefiere la palabra evolución. Trata a través de sus palabras disecar sentimientos, experiencias y recuerdos para así poder vaciar ese pozo rebosante que ahoga a sus seres internos, y lograr con esto colmarlo de más vivencias. http://duquedewonken.blogspot.com/
De tener quince años y andar sexualmente confundido – o al menos es lo que te gusta repetirte – y recordar como cuando niño describías a los hombres desnudos dentro de los vestidores del Sport Center esperando cual conciliábulo erótico y de líneas griegas que surcaban sus cuerpos, un espacio en las duchas; a tus compañeros de clases cuando aún no contabas con vellos en el pubis o sabías lo que el pubis era, o que pensabas que tener una erección en público era como tener la piel de gallina. Aprendiste siendo muy niño por vez primera luego de ver sus rostros que debías saber callar. De tener quince años y ver infinidad de hombres extraños, gordos y flacos, hermosos y grotescos, de penes grandes o delgados, circuncisos o negros; masturbarse frente a ti a través de la cámara, y mostrarte complaciente con tu cuerpo delgadísimo y hacerles entender que toda esa lozanía imberbe de piel que deja ver los huesos, vellos regados y pies delicados podían ser suyas esa noche. De tener quince años y que se te insinuara aquel chico once años mayor que vivía por tu calle y hoy día te preguntes cómo sería tu vida si le hubieses abierto la puerta esa vez. De llorar en las barras de Zenón mientras te buscaban polvo para contrarrestar lo que aún te mientes diciendo que eran los tragos extremadamente pinchados, en medio de aquellos con los que andabas las noches y competían por cuántas felaciones realizarían antes del alba y que hoy día no vivirían sin sus retrovirales. De arrastrarte por el piso del estacionamiento de Paseo Las Mercedes a escasas cuadras de donde estaba tu colegio. De huir del gocho piedrero que quería cogerte, y no de la mano, y que te dio esa combinación de punto rojo y piedra en un gotero la noche anterior.
De todo aquel silencio y negación con un cuerpo indispuesto a tener el látigo en una mano – una correa en su defecto – las cuerdas amarrando al hombre desnudo dos veces tu tamaño a una silla tailandesa de la que celosamente se enorgullecen tus padres, muy cara, a la que le arrancaste el asiento y que se baña del líquido preseminal de tu amante a medida que le azotas. Escuchando el sonido del cuero escociendo la piel, ese ruido seco como el de los niños maltratando sus palmas cuando aún aprenden a aplaudir; y el gemido y llanto de él atado a las patas de la silla, incapaz de moverse, quejándose porque las manos se le duermen y la cuerda le quema la piel. A llevarle el cuero a la boca y hacer que lo bese y diga que lo desea. Azotarlo hasta que se maree y luego soltarle sólo una mano ya dormida para que pueda masturbarse y brote de su cuerpo el néctar del placer líquido tan diferente al que añejas en tus entrañas, cuando demoras semanas el onanismo hasta que los meados salen espesos de la uretra y sientes burbujas en tus vesículas, y te decides a desentrañarlo de su prisión de placer en ese sueño que tienes incumplido – como tantas otras “perversiones” –, de acabar sobre el rostro a un hombre hermoso vertiéndole lo que antes era semen y ahora son pelotitas viscosas que hieden a pescado, pelotitas amarillentas que danzan en un líquido espeso casi sangriento y que parecen huevecillos de pez, y que él disfrute de ellos como el caviar que acaba de manar de ti. Que lo saboree lenta y con altísimo placer disfrutando de algún raro delicatessen que acaba de conocer, escaso y sumamente caro.
Sueños de mazmorras bañadas de luz y con olor a vapor de sudor que se acumula en tu cuerpo.
De ahí a la realidad del que relata rozando su erección a medida que teclea las palabras que son recuerdos, recuerdos de sumergirlo atado en la bañera y bastinarle los pies con un cuero delgado y mojado por salir a respirar. Soltarle las amarras y patearle los testículos y llenárselos de pinzas, obligarlo a masturbarse mientras te suplica, lo mejor que puede con el mouth gag puesto, que por favor le dejes quitarse las pinzas, babeándose y sollozando hasta que no puede contener el reflejo de arcadas y piensas al ver las lágrimas en sus ojos que jamás se ha visto tan hermoso.
Del silencio aprendido que causó tu imprudente deterioro mental y de la soledad de tener quince años, a estar abrazados mientras transcurre la noche oliendo su piel hirviendo que te da paz. Sintiendo sus besos por tu rostro y su pesada respiración que estremece todo su cuerpo. Contando las palpitaciones de su corazón que golpea contra tu pecho y pensando entre sentimientos de plenitud y cariños antes de caer en el desmayo noctámbulo de dónde viniste al sitio que has llegado llamado felicidad.
Aitor Olavarría (Caracas, 1986) Todero a fuerza de sobrevivir. Licenciado en Artes mención cinematografía de la Universidad Central de Venezuela por profesión. Escritor autoproclamado por necesidad. De todos los adjetivos que pudiesen describirlo el más acertado sería cambiante, aunque él prefiere la palabra evolución. Trata a través de sus palabras disecar sentimientos, experiencias y recuerdos para así poder vaciar ese pozo rebosante que ahoga a sus seres internos, y lograr con esto colmarlo de más vivencias. http://duquedewonken.blogspot.com/
si-fu el sensei invisible
Luis Poleo
Jorge Dudosa es un personaje común y sin brillo que había logrado casarse con una gringa bella y adinerada. Para hacerse el importante alardeaba con una historia sobre su cinturón negro y cuarto dan en jiu-jitzu. Con este cuento logró que su mujer le financiara la construcción de un gimnasio. Compró equipos de segunda mano, alquiló un espacio de segunda mano y lleno una pared completa con trofeos, también de segunda mano. Jorge, o sea, el sensei, se hacia llamar SI-FU, nombre que copió de un restaurante chino en el que una vez comió cuando viajaba por el oriente del país. Si-FU logró reunir a un pequeño grupo de estudiantes que asistían a sus clases todas las tardes, de lunes a viernes, entre las 6 30 y las 8 00. La primera hora era de calentamiento: cuatro o cinco cervezas en la licorería de al lado. Era una tarde como cualquier otra el día del incidente, pero SI-FU se sentía más decaído y acomplejado que nunca por causa de un ultimátum de abandono expuesto por Jess : LA GRINGA. Luego de la quinta cerveza del calentamiento, el SENSEI reta a uno de sus alumnos diciendo que con una patada cerrada, estando ambos cara a cara y con una separación de pocos centímetros, lograría colocarla a milímetros de su nariz, sin propinar daño alguno. El Alumno acepta el reto para no hacer que su SENSEI se sintiera más acomplejado de lo que ya demostraba. Enseguida entramos al gimnasio, subimos al TATAMI y el retado se coloca en el centro de espaldas al grupo, SI-FU se coloca frente a frente, cinco centímetros entre ellos, el SENSEI cierra los ojos, se concentra unos segundos y lanza un KIAY! etílico al mismo tiempo que su patada, colocandola netamente en la nariz del alumno. La acción se vio como en cámara lenta, la nariz se doblo hacia arriba alineando sus orificios con los dos ojos, el cuello, por un momento pareció despegarse y el cuerpo siguió la misma trayectoria salpicandonos de sangre; el alumno cayó a los pies del grupo quedando inconsciente por unos segundos; al volver en si observo la cara de SI-FU que le decia: QUE PENA CONTIGO...QUE PENA CONTIGO.
Jorge Dudosa es un personaje común y sin brillo que había logrado casarse con una gringa bella y adinerada. Para hacerse el importante alardeaba con una historia sobre su cinturón negro y cuarto dan en jiu-jitzu. Con este cuento logró que su mujer le financiara la construcción de un gimnasio. Compró equipos de segunda mano, alquiló un espacio de segunda mano y lleno una pared completa con trofeos, también de segunda mano. Jorge, o sea, el sensei, se hacia llamar SI-FU, nombre que copió de un restaurante chino en el que una vez comió cuando viajaba por el oriente del país. Si-FU logró reunir a un pequeño grupo de estudiantes que asistían a sus clases todas las tardes, de lunes a viernes, entre las 6 30 y las 8 00. La primera hora era de calentamiento: cuatro o cinco cervezas en la licorería de al lado. Era una tarde como cualquier otra el día del incidente, pero SI-FU se sentía más decaído y acomplejado que nunca por causa de un ultimátum de abandono expuesto por Jess : LA GRINGA. Luego de la quinta cerveza del calentamiento, el SENSEI reta a uno de sus alumnos diciendo que con una patada cerrada, estando ambos cara a cara y con una separación de pocos centímetros, lograría colocarla a milímetros de su nariz, sin propinar daño alguno. El Alumno acepta el reto para no hacer que su SENSEI se sintiera más acomplejado de lo que ya demostraba. Enseguida entramos al gimnasio, subimos al TATAMI y el retado se coloca en el centro de espaldas al grupo, SI-FU se coloca frente a frente, cinco centímetros entre ellos, el SENSEI cierra los ojos, se concentra unos segundos y lanza un KIAY! etílico al mismo tiempo que su patada, colocandola netamente en la nariz del alumno. La acción se vio como en cámara lenta, la nariz se doblo hacia arriba alineando sus orificios con los dos ojos, el cuello, por un momento pareció despegarse y el cuerpo siguió la misma trayectoria salpicandonos de sangre; el alumno cayó a los pies del grupo quedando inconsciente por unos segundos; al volver en si observo la cara de SI-FU que le decia: QUE PENA CONTIGO...QUE PENA CONTIGO.
sin cordura
Juan Cerbero
siniestra la esbeltez
sumirse en la oscuridad
mirarse en la negrura
la cicatriz no tiene precio
más aun
cuando la mantengo fresca
siniestra la esbeltez
sumirse en la oscuridad
mirarse en la negrura
la cicatriz no tiene precio
más aun
cuando la mantengo fresca
divagación en tono uruguayo* (versión poema)
Alvaro Bustillos
*Estilo sureño, del castellano de las Américas, reconocible por la reiteración de las ideas, la sustitución de la coma por el cambio de linea y la lectura pausada. Diferenciable del chileno que suena a disculpa y el argentino de cantar pretencioso.
Se debe leer poco a poco y sin variaciones tonales marcadas a la mujer al oído o al final de las fiestas a manera de epílogo poético.
Hoy me hacen falta
Todos aquellos amigos que no tienen
una @ delante de su seudónimo
Todos los que nunca me escondieron
su nombre
Todos los que disfruto
cara a cara
trago a trago
cuerpo a cuerpo
Hoy me hacen falta
todos los que no me llamaron
Esos mismos
los de antes
los que correctamente olvidaron
mi cumpleaños.
Hoy, pleno
busco a última hora
una parodia antigua
que me salve
No paso del alcohol
y seguro que ustedes tampoco
Hoy, casi ayer
Estoy pensando en ustedes
ingratos que no pensaron en mi
Los quiero tanto
Sin arrobas ni mensajes
sin cuenta de caracteres
Sin emoticones
Hoy escribo de ustedes porque de mi
ya me salvé
Me salvé porque yo tampoco me acorde ese día
Me salvé porque no llevo la cuenta
Me salvé porque la cuenta da saldo positivo sin contar con el metal,
sucio metal que nos acompaña siempre
pero que nunca brilla para nosotros.
Hoy quisiera ser brasilero
para sentir eso que ellos venden
y yo no compro.
Hoy no tengo palabras bonitas
para decirles que los extraño
Los extraño tanto
tanto
casi tanto como a ella.
Alvaro Bustillos. Caraqueño desde 1975. Después de estudiar y aplicar la gráfica por casi la mitad de su vida, se ha descubierto juguetenado con otras ramas de la creatividad como la escritura, el arte gráfico, el video arte y hasta la publicidad. En todo su trabajo podemos descubrir una afición por la conversación, el coleccionar cosas, las bebidas espirituosas y el desmitificar hechos que para sus más cercanos parecen evidentes. Egresado y ahora profesor de ProDiseño, cofundador de MASA, LaMarca y Dmente entre otros proyectos, lo han involucrado con personas y momentos de la vanguardia local e internacional en las últimas dos décadas.
*Estilo sureño, del castellano de las Américas, reconocible por la reiteración de las ideas, la sustitución de la coma por el cambio de linea y la lectura pausada. Diferenciable del chileno que suena a disculpa y el argentino de cantar pretencioso.
Se debe leer poco a poco y sin variaciones tonales marcadas a la mujer al oído o al final de las fiestas a manera de epílogo poético.
Hoy me hacen falta
Todos aquellos amigos que no tienen
una @ delante de su seudónimo
Todos los que nunca me escondieron
su nombre
Todos los que disfruto
cara a cara
trago a trago
cuerpo a cuerpo
Hoy me hacen falta
todos los que no me llamaron
Esos mismos
los de antes
los que correctamente olvidaron
mi cumpleaños.
Hoy, pleno
busco a última hora
una parodia antigua
que me salve
No paso del alcohol
y seguro que ustedes tampoco
Hoy, casi ayer
Estoy pensando en ustedes
ingratos que no pensaron en mi
Los quiero tanto
Sin arrobas ni mensajes
sin cuenta de caracteres
Sin emoticones
Hoy escribo de ustedes porque de mi
ya me salvé
Me salvé porque yo tampoco me acorde ese día
Me salvé porque no llevo la cuenta
Me salvé porque la cuenta da saldo positivo sin contar con el metal,
sucio metal que nos acompaña siempre
pero que nunca brilla para nosotros.
Hoy quisiera ser brasilero
para sentir eso que ellos venden
y yo no compro.
Hoy no tengo palabras bonitas
para decirles que los extraño
Los extraño tanto
tanto
casi tanto como a ella.
Alvaro Bustillos. Caraqueño desde 1975. Después de estudiar y aplicar la gráfica por casi la mitad de su vida, se ha descubierto juguetenado con otras ramas de la creatividad como la escritura, el arte gráfico, el video arte y hasta la publicidad. En todo su trabajo podemos descubrir una afición por la conversación, el coleccionar cosas, las bebidas espirituosas y el desmitificar hechos que para sus más cercanos parecen evidentes. Egresado y ahora profesor de ProDiseño, cofundador de MASA, LaMarca y Dmente entre otros proyectos, lo han involucrado con personas y momentos de la vanguardia local e internacional en las últimas dos décadas.
las palabras del buscón / memorias de una librería
Helena Arellano Mayz
Recuerdo el vestido que llevaba puesto. Suele sucederme, no olvido cómo voy vestida en momentos, intrascendentes en la superficie, que luego resultan imborrables. Entré en el sótano del Trasnocho Cultural camino a la Librería El Buscón.
—Dile a Katyna que eres amiga mía —me había dicho Javier—. Ella y yo rodamos juntos una escena de amor de una película de Leonardo —añadió con pícaro aire de seductor.
Recuerdo el vestido que llevaba puesto. Suele sucederme, no olvido cómo voy vestida en momentos, intrascendentes en la superficie, que luego resultan imborrables. Entré en el sótano del Trasnocho Cultural camino a la Librería El Buscón.
—Dile a Katyna que eres amiga mía —me había dicho Javier—. Ella y yo rodamos juntos una escena de amor de una película de Leonardo —añadió con pícaro aire de seductor.
de las lolas y otras deliciosas carnes
José Antonio Parra
Dios ha sido el único ser que se ha entregado, en orgasmo perpetuo, al goce infinito dando lugar a su propia desintegración, originaria de todos los universos siderales en devenir.
Siempre procuro ver el aspecto trascendental en lo cotidiano. El aspecto trascendental en el impulso vital que me llevó a las situaciones más hiperaceleradamente perversas, a ser el privilegiado observador de lo perverso. Yo no sé cuándo ni cómo empezó, cuál instante marcó la toma de conciencia de mi propia sexualidad --por utilizar una palabra aséptica, aunque las detesto por carecer de toda estética--. La verdad es mucho más sabroso referirse a la cosa en términos de teta, o lola, o polla; o cualquier cosa que no haya pasado por el guante estéril de la academia.
De tan temprano como recuerdo son las imágenes de una que otra tía desnuda. Ello era la confrontación con lo indecible, con algo que no sabía cómo verbalizar, así como no sabía nombrar eso que mi madre me dijo era “sed”. En ese momento supe que los sonidos que representan al pensamiento correspondiente al emblema “sed”, me llevarían a la obtención del agua. Las lolas de esa tía en cuestión eran grandes, pero era una sensación que erizaba al cuerpo, que se hacía ilocalizable, el pezón grande y prominente que no me atrevía a tocar aunque deseara morder, era verla colocarse su sostén, verla ligeramente de perfil e imaginarme un algo sin imagen, un algo avasallante. Ese recuerdo estuvo conmigo tantísimo tiempo después, pero la sucesión de imagen tras imagen pronto dejaría a esa primera desplazada. Al poco tiempo, el foco estuvo en una prima con la que pasé largas tardes jugando, con la que hablé miles de cosas que soñamos y fueron días de azul viento. En particular recuerdo de ella el primer beso en la boca, mientras nos abrazábamos desnudos y éramos un par de niños. Aún no llegábamos a los diez años y aun así en mi ingenuidad infantil llegué a estar paranoico pensando que la pudiese haber dejado embarazada. Años después seguí teniendo fantasías con ella y su madre, que era la tía de la que hablé al comienzo.
La verdadera revolución atómica vendría el día que descubrí como tocarme. Eso indecible del comienzo de mi sexualidad verbalizada se hizo placer localizado y explosión corporal, el sentido liberado. Quería volver a experimentar el placer de ver la teta un poco caída y de gran pezón de mi tía, y tocarme a la vez. Ya tenía el arma, me encerraba en sesiones de “toqueteo” con tanta frecuencia. En el colegio pasaba todo el día pensando en sexo, me imaginaba orgias entre las maestras, me las imaginaba a todas en las posiciones más descaradas, como en el escritorio de piernas abiertas. Un buen día que fuimos en familia a la Colonia Tovar nos topamos con las maestra de tercero y cuarto muy acarameladas. ¡Bingo!. Siempre veía a esa maestra de cuarto con su aire tan andrógino que me fascinaba. Durante la presentación del mi primer día en esa clase de cuarto, al pasar la lista y llegar a mí, me dijo: Parra, a quien he visto siempre desde que eras así de chiquito.
Cualquier imagen era una buena excusa para pensar en sexo, hasta que descubrí en la biblioteca familiar un libro que hablaba del Marqués de Sade y una enciclopedia de arte universal, en ese instante perdí metafóricamente mi virginidad y comenzó mi vinculación vital con el arte. Ver los senos de la Dama Tirinta del arte minoico era celestial, era imaginarme a esa dama excelsa absolutamente topless recorriendo el Peloponeso, era la impudicia de alguna señora del vecindario que se hubiese asomado desnuda por la ventana. De las revistas en las que salía alguna mujer sin ropa o insinuando algo. Pasaba horas viendo obras de arte y leyendo sobre ello. La manera como Cupido le agarraba la teta a Venus en la Alegoría del triunfo de Venus o incluso a una Leda y el cisne con la armonía sinuosa que me llevaba a ver y volver a ver, a caminar con mis libros de arte como un niño muy estudioso. En eso de las tetas era Jean Fouquet con La Virgen y el niño. Sin embargo, uno de los momentos culmen tuvo lugar cuando descubrí a las fabulosas Gabrielle de Estrées y su pervertida hermana, la Duquesa de Vilars. Ellas eran, junto con algunas de las imágenes de Sade, el redescubrimiento del delicioso placer de la transgresión.
Al igual que con el vocablo “sed”, pude entender el significado y poder del erotismo de la mirada en la Judith de Klimt. Era verla y volver a verla y querer ser esa mirada desprendida en un otro hecho trizas y explayado en totalidad erótica. Pero ya eso marcaba el comienzo de mi aproximación, y posterior inmersión durante un largo período de mi vida, en el simbolismo. Sería una mirada muy en el estilo de la Ofelia de Millais. No obstante, debo aclarar que, a pesar de mis juegos y “restregadas” con mi prima, para ese momento aún era virgen.
Ya en la adolescencia llegaría a la constelación de las películas porno de los años setenta, la era de oro con Kirdy Stevens, kay Parker y Juliet Anderson –que por cierto, se dice era una interesante ninfómana especializada en culturas orientales--. Sin embargo, a pesar de que el porno era un poderoso catalizador, nunca llegaba a recrear lo indecible de las primeras imágenes. Eso indecible sólo era posible de alcanzar en el espacio de lo sugerido y en la tensión de una erótica perversa.
Las cosas pronto se harían reales cuando comencé a tener vivencias de pareja, que muy casi enseguida se hicieron acrobáticas. Así, con mis primeras novias empezamos a tener juntos –y a su vez-- una y otra novia y vivíamos de a tres en una suerte de buscar la intensidad sólo por la intensidad. Ello nos ocurrió a mi amiga de infancia, Filomena y a mí, en tantas ocasiones. Hasta que un buen día conocimos a Stephanie, con quien todo fue tan border que terminamos por pedirle aterrorizados que se alejara de nosotros. Sin embargo, de mi época universitaria lo que mejor recuerdo fue el tiempo que viví y compartí con una maestra, con quien la vida fue un péndulo entre el placer más grande y el odio y la locura. “La escuela griega”, decía ella. Vinieron tantas épocas y tantas cosas pero la mirada primordial, como la droga, nunca vuelve a ser lo mismo. En la búsqueda de placer no hay término. Es una pulsión esencial que quizá parte del instante en que se corta el cordón umbilical y comienza a transformarse en muchas cosas, en una prima, en los primeros toqueteos, en la Judith de klimt, en las tetas de Venus y de la Dama Tirinta y en las fachadas de algún tiempo hindú. En cultura y rococó. En mi maestra con su cara de melancólica Modigliani. En mi amiga que más nunca lo fue y yo lamiendo juntos a una tercera. Y en el Gauguin que terminó siendo mi esposa con quien finalmente hubo una entrega más allá de la histeria, hecha deseo en una forma de cultura ulterior. El placer vuelto goce, al igual que aquél había reemplazado a lo indecible de la tía desnuda, con grandes pezones y de perfil. Ello era el camino real a lo nuevo y a la inauguración del verdadero mundo inmaculado.
José Antonio Parra (Caracas, 1969). Poeta, ensayista y editor. Ha colaborado en revistas y suplementos literarios --impresos y digitales-- como Puntal, revista de la que además fue parte del equipo editorial; Kalathos.com, de la que fue editor, Imagen Latinoamericana, Art Market, Efory Atocha y del suplemento literario Verbigracia de El Universal. Actualmente es colaborador del Papel Literario de El Nacional, columnista de la revista Sala de espera y editor de la revista digital La Casa Azulada. Tiene publicado el poemario Grado superlativo. Su oficio literario está enmarcado en el dominio de lo experimental y ha sido objeto de atención de medios especializados, incluyendo una reseña en la Antología de la Poesía Venezolana 1983-2008 En-obra de la Editorial Equinoccio. E-mail: parraa23@gmail.com. Twitter: parraa23
Dios ha sido el único ser que se ha entregado, en orgasmo perpetuo, al goce infinito dando lugar a su propia desintegración, originaria de todos los universos siderales en devenir.
Siempre procuro ver el aspecto trascendental en lo cotidiano. El aspecto trascendental en el impulso vital que me llevó a las situaciones más hiperaceleradamente perversas, a ser el privilegiado observador de lo perverso. Yo no sé cuándo ni cómo empezó, cuál instante marcó la toma de conciencia de mi propia sexualidad --por utilizar una palabra aséptica, aunque las detesto por carecer de toda estética--. La verdad es mucho más sabroso referirse a la cosa en términos de teta, o lola, o polla; o cualquier cosa que no haya pasado por el guante estéril de la academia.
De tan temprano como recuerdo son las imágenes de una que otra tía desnuda. Ello era la confrontación con lo indecible, con algo que no sabía cómo verbalizar, así como no sabía nombrar eso que mi madre me dijo era “sed”. En ese momento supe que los sonidos que representan al pensamiento correspondiente al emblema “sed”, me llevarían a la obtención del agua. Las lolas de esa tía en cuestión eran grandes, pero era una sensación que erizaba al cuerpo, que se hacía ilocalizable, el pezón grande y prominente que no me atrevía a tocar aunque deseara morder, era verla colocarse su sostén, verla ligeramente de perfil e imaginarme un algo sin imagen, un algo avasallante. Ese recuerdo estuvo conmigo tantísimo tiempo después, pero la sucesión de imagen tras imagen pronto dejaría a esa primera desplazada. Al poco tiempo, el foco estuvo en una prima con la que pasé largas tardes jugando, con la que hablé miles de cosas que soñamos y fueron días de azul viento. En particular recuerdo de ella el primer beso en la boca, mientras nos abrazábamos desnudos y éramos un par de niños. Aún no llegábamos a los diez años y aun así en mi ingenuidad infantil llegué a estar paranoico pensando que la pudiese haber dejado embarazada. Años después seguí teniendo fantasías con ella y su madre, que era la tía de la que hablé al comienzo.
La verdadera revolución atómica vendría el día que descubrí como tocarme. Eso indecible del comienzo de mi sexualidad verbalizada se hizo placer localizado y explosión corporal, el sentido liberado. Quería volver a experimentar el placer de ver la teta un poco caída y de gran pezón de mi tía, y tocarme a la vez. Ya tenía el arma, me encerraba en sesiones de “toqueteo” con tanta frecuencia. En el colegio pasaba todo el día pensando en sexo, me imaginaba orgias entre las maestras, me las imaginaba a todas en las posiciones más descaradas, como en el escritorio de piernas abiertas. Un buen día que fuimos en familia a la Colonia Tovar nos topamos con las maestra de tercero y cuarto muy acarameladas. ¡Bingo!. Siempre veía a esa maestra de cuarto con su aire tan andrógino que me fascinaba. Durante la presentación del mi primer día en esa clase de cuarto, al pasar la lista y llegar a mí, me dijo: Parra, a quien he visto siempre desde que eras así de chiquito.
Cualquier imagen era una buena excusa para pensar en sexo, hasta que descubrí en la biblioteca familiar un libro que hablaba del Marqués de Sade y una enciclopedia de arte universal, en ese instante perdí metafóricamente mi virginidad y comenzó mi vinculación vital con el arte. Ver los senos de la Dama Tirinta del arte minoico era celestial, era imaginarme a esa dama excelsa absolutamente topless recorriendo el Peloponeso, era la impudicia de alguna señora del vecindario que se hubiese asomado desnuda por la ventana. De las revistas en las que salía alguna mujer sin ropa o insinuando algo. Pasaba horas viendo obras de arte y leyendo sobre ello. La manera como Cupido le agarraba la teta a Venus en la Alegoría del triunfo de Venus o incluso a una Leda y el cisne con la armonía sinuosa que me llevaba a ver y volver a ver, a caminar con mis libros de arte como un niño muy estudioso. En eso de las tetas era Jean Fouquet con La Virgen y el niño. Sin embargo, uno de los momentos culmen tuvo lugar cuando descubrí a las fabulosas Gabrielle de Estrées y su pervertida hermana, la Duquesa de Vilars. Ellas eran, junto con algunas de las imágenes de Sade, el redescubrimiento del delicioso placer de la transgresión.
Al igual que con el vocablo “sed”, pude entender el significado y poder del erotismo de la mirada en la Judith de Klimt. Era verla y volver a verla y querer ser esa mirada desprendida en un otro hecho trizas y explayado en totalidad erótica. Pero ya eso marcaba el comienzo de mi aproximación, y posterior inmersión durante un largo período de mi vida, en el simbolismo. Sería una mirada muy en el estilo de la Ofelia de Millais. No obstante, debo aclarar que, a pesar de mis juegos y “restregadas” con mi prima, para ese momento aún era virgen.
Ya en la adolescencia llegaría a la constelación de las películas porno de los años setenta, la era de oro con Kirdy Stevens, kay Parker y Juliet Anderson –que por cierto, se dice era una interesante ninfómana especializada en culturas orientales--. Sin embargo, a pesar de que el porno era un poderoso catalizador, nunca llegaba a recrear lo indecible de las primeras imágenes. Eso indecible sólo era posible de alcanzar en el espacio de lo sugerido y en la tensión de una erótica perversa.
Las cosas pronto se harían reales cuando comencé a tener vivencias de pareja, que muy casi enseguida se hicieron acrobáticas. Así, con mis primeras novias empezamos a tener juntos –y a su vez-- una y otra novia y vivíamos de a tres en una suerte de buscar la intensidad sólo por la intensidad. Ello nos ocurrió a mi amiga de infancia, Filomena y a mí, en tantas ocasiones. Hasta que un buen día conocimos a Stephanie, con quien todo fue tan border que terminamos por pedirle aterrorizados que se alejara de nosotros. Sin embargo, de mi época universitaria lo que mejor recuerdo fue el tiempo que viví y compartí con una maestra, con quien la vida fue un péndulo entre el placer más grande y el odio y la locura. “La escuela griega”, decía ella. Vinieron tantas épocas y tantas cosas pero la mirada primordial, como la droga, nunca vuelve a ser lo mismo. En la búsqueda de placer no hay término. Es una pulsión esencial que quizá parte del instante en que se corta el cordón umbilical y comienza a transformarse en muchas cosas, en una prima, en los primeros toqueteos, en la Judith de klimt, en las tetas de Venus y de la Dama Tirinta y en las fachadas de algún tiempo hindú. En cultura y rococó. En mi maestra con su cara de melancólica Modigliani. En mi amiga que más nunca lo fue y yo lamiendo juntos a una tercera. Y en el Gauguin que terminó siendo mi esposa con quien finalmente hubo una entrega más allá de la histeria, hecha deseo en una forma de cultura ulterior. El placer vuelto goce, al igual que aquél había reemplazado a lo indecible de la tía desnuda, con grandes pezones y de perfil. Ello era el camino real a lo nuevo y a la inauguración del verdadero mundo inmaculado.
José Antonio Parra (Caracas, 1969). Poeta, ensayista y editor. Ha colaborado en revistas y suplementos literarios --impresos y digitales-- como Puntal, revista de la que además fue parte del equipo editorial; Kalathos.com, de la que fue editor, Imagen Latinoamericana, Art Market, Efory Atocha y del suplemento literario Verbigracia de El Universal. Actualmente es colaborador del Papel Literario de El Nacional, columnista de la revista Sala de espera y editor de la revista digital La Casa Azulada. Tiene publicado el poemario Grado superlativo. Su oficio literario está enmarcado en el dominio de lo experimental y ha sido objeto de atención de medios especializados, incluyendo una reseña en la Antología de la Poesía Venezolana 1983-2008 En-obra de la Editorial Equinoccio. E-mail: parraa23@gmail.com. Twitter: parraa23
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